6 Feb
Dado que le dedicamos en Mileurismo un post a chupar polla. En estos tiempos de crisis no podíamos dejar de hablar de otra de las maneras clásicas de triunfar en la vida. Hoy estaba hablando con mi primo, ya entrado casi en los 50 y que es abogado, y me preguntaba cuántos de mis amigos (en mi quinta había licenciados en derecho a patadas) trabajan en algún asunto relacionado con la ley. De unos 8, ninguno. La mayoría eran buenos estudiantes, sacaron bien la carrera e incluso alguno estudió un master tras acabar. De todos ellos NINGUNO entró en el mundo de la ley. A todos les faltaba un requisito indispensable, por aquel entonces, en tales lides: un buen enchufe. Así, he conocido a otras personas que parecían mucho más obtusas, trabajando en grandes firmas.
De todos es bien conocido que un trifásico de buenas proporciones es mucho mejor a la hora de triunfar que hablar muchos idiomas, saber de ofimática o que el mejor de los curriculum. De tal modo, sí que he conocido otras personas que no parecían tan válidas ni preparadas, pero que sí que tenían un padre importante que conocía a la persona adecuada que podía hacerte saltar por encima por encima del proceso de selección cuan Bob Beamon en México. Realmente, el enchufe es un sistema de selección aún más repugnante que chupar polla. Al menos el chupapollas debe saber hacer algo bien, sin embargo el enchufado, normalmente, entra donde sea por ser quién es. Lo cual es lamentable. Todos hemos conocido al sobrino del jefe o al hijo de algún jerifalte. Si el enchufado no es de alto nivel el sistema lo expulsa si es un inútil. El problema real viene con los enchufados de altos vuelos, ese del cual no te puedes deshacer. El principio de Dilbert dicta que el inútil será llevado hacia un lugar dónde no pueda hacer daño a la empresa: gerencia. En el transcurso de mi vida he conocido varios ejemplos de enchufados ilustres. No sólo en España sufrimos la lacra, un buen enchufe te abre las puertas de la City londinense mejor que el mejor de los carros de combate rusos.
Sin embargo, una vez más, la política española se lleva la palma en el ranking (¿Será por ello que también hay tanto inútil?) algunos claros ejemplos son Patxi López (nació en una “familia obrera” pero su padre ya estaba bien metidito en el partido), Nicolás Redondo Terreros, Antonio Basagoiti o Ruíz Gallardón. Estoy bien seguro que si miramos los perfiles de la mayoría de politicastros de este gran país, en muchos casos encontraremos pedigrí, y, sinceramente, no creo que a la mayoría les mueva el deseo incontenible de ayudar a los demás, sino más bien el de no tener que pasar por un maldito proceso de selección. Mejor que elija mi tía a quién ponen en la lista… Que la poltrona, es molona.




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