5 feb
Tengámoslo claro, Alfredo Pérez Rubalcaba ha ganado una votación interna y es, de pleno derecho, el secretario general del PSOE. Pero tampoco nos liemos. Alfredo Pérez Rubalcaba ha perdido hace tres meses unas elecciones externas, consiguiendo el menor número de diputados socialistas de los últimos 35 años. Supongo que esto quiere decir muchas cosas y una de ellas es que tiene al menos la misma credibilidad que sus antecesores como secretario general y la misma oportunidad para ser candidato. Pues bien. Es hora de ser un gran secretario general y de no equivocarse siendo candidato.
No vamos a jugar a adivinos, ya lo hago bastante en este blog, solo me ratifico en el post publicado aquí hace mas de dos meses. Creo que el mensaje es simple. Rubalcaba puede ser el Bautista, pero no creo que esté llamado a ser el Mesías. Van a pasar al menos dos o tres años antes de que se tenga que tomar esa decisión, y eso, tal y como están las cosas, es mucho mas que un mundo; pero lo que tengo claro es que las tareas a las que debe dedicarse Alfredo son dos.
Plantear una oposición coherente, para la que no le van a faltar oportunidades ni argumentos e iniciar una renovación real de su partido que tenga como consecuencia un cambio de filosofía, una nueva forma de entender la política que coloque a su partido en una onda ciudadana que jamás debió abandonar.
Alfredo Pérez Rubalcaba va a tener que posibilitar muchos debates en el seno del PSOE para transformarlo en un partido de muchísima mayor militancia, de muchísima mayor presencia militante dentro de mas segmentos de esta sociedad y sobre todo, de muchísima mayor agilidad a la hora de entender un mundo que evoluciona mucho mas rápidamente que las estructuras de cualquier partido. Es hora de entender a la sociedad y de pelear uno a uno cada voto, cada nuevo militante. Quizá vaya siendo hora de que el control de los aparatos vaya sustituyéndose por el dinamismo a la hora de liderar propuestas, quizá vaya siendo hora de que las oligarquías vayan sustituyéndose por la participación y la democracia, quizá vaya siendo hora de que las “ilusiones dadas por un candidato”, vayan sustituyéndose por un liderazgo mucho mas horizontal capaz de incentivar la capacidad de ilusión propia de la sociedad. Intentemos seducir menos. Intentemos razonar y comprender mas.
Se me ocurren miles de viajes concretos a impulsar por el nuevo secretario general del PSOE, y seguramente el último de todos ellos deba de ser el de la apertura de un debate democrático que propicie que un nuevo candidato a la Moncloa materialice una nueva forma de hacer política. ¿Qué necesita el PSOE de Alfredo? Que alguien con suficiente peso proveniente del pasado, sea un gran posibilitador de futuro.