Voy a ser claro, el hecho de que alguien se acueste conmigo por dinero me la pone más o menos del tamaño de la lengua de un jilguero. Vamos, que no he sido putero sencillamente porque nunca me ha atraído el amor por euro.

 A partir de ahí, cualquier relación comercial libre y pactada entre las partes me parece tan lícita como cualquier otra y su publicidad, perfectamente válida. Siempre me ha parecido extraño un mundo donde se castiga el alquiler del cuerpo y se riega con prebendas la venta del alma. Por lo visto siguen locos estos romanos.

 2000 años más tarde tenemos grabado en la frente el concepto de lo sucio en relación al cuerpo y al sexo, como si lo pecaminoso del tema  nos recordara lo más rancio de nuestra herencia judeocristiana.

 Salvo que tu actividad perjudique, la dignidad está o no está en el individuo no en esa actividad, seas puta o ministro. Es un valor personal y no es el síntoma externo de la virtud; ESO ES CALVINISMO. Confundir valía humana con oficio me parece un acto de prostitución mental muchísimo más execrable que cobrar por una felación. La prostitución no denigra, denigran las prácticas que la rodean y que suelen coincidir con las mismas prácticas que rodean a toda actividad ilegal. Esas son las que hay que combatir. ¿No estaremos confundiendo el síntoma con la raíz del problema?.

 Un organismo de igualdad puede hacer cosas a favor de la igualdad de oportunidades entre hombre y mujer; pero si sigue centrándose en estas gilipolleces con la que está cayendo, lo que va a conseguir es retrasarla. Un presidente del gobierno puede centrarse en gobernar y en sacar al país del problema en el que está. Si quiere solucionar este tema, puede regular de una vez la prostitución y legalizarla. Seguir reiteradamente por caminos folclóricos es retrasar a futuro la igualdad de oportunidades entre izquierda y derecha para llegar a Moncloa.