Tiene algo de poético el gol de Pujol ante Alemania después de la media docena que nos ha metido Ángela Merkel en los últimos meses. Hace dos años, “cuando aún no había crisis” dijimos que la Eurocopa iba a ser una de las últimas alegrías que íbamos a tener este país. Un par de calendarios después solo queda decir que nos hemos equivocado y que la selección está en la final del mundial. Claro que en todo lo demás, los pronósticos han salido bastante atinados.

 Zapatero se enfrenta a un debate sobre el Estado de la Nación  sin apenas apoyos y con un ambiente algo más optimista por los progresos de la roja y la leve bajada del paro. En estas circunstancias, el presidente ha decidido plantear la reforma de las cajas de ahorros. Confieso que este debate me tiene bastante intrigado. Tal vez porque es importante, o quizá solo por lo que tiene de contradictorio para alguien de izquierdas.

 Hace años que en este terreno, la gestión pública se ha convertido en la mala gestión del politicastro de turno. Hace lustros que estas situaciones se repiten en unos países y en otros. El presidente ha decidido dar paso a la semi-privatización e introducir capital privado en forma de acciones con derechos. Su presencia no llegará al 50% y los políticos quedarán relegados de la gestión de las cajas.

 Me hubiese gustado que el debate hubiera trascendido y se hubiese centrado en una separación de funciones entre cajas tradicionales y banca o en cualquier otra solución; pero cuando se gestiona mal, de manera corrupta e irresponsable este tipo de propuestas llegan. Resulta irónico, porque el propio concepto de “clase política” y lo que lleva consigo, siempre termina convirtiéndose en veneno para la “cosa pública” y justificando privatizaciones