Y es que llegados a este punto, lo de menos son las leyes y la importancia de lo político se centra en la praxis. Una vez pasada la línea de la ley de partidos y centrándonos exclusivamente en  cómo abordar la fase final de ETA;  solo nos queda la estrategia.

 Rubalcaba y Eguiguren aciertan en la clave del asunto, y esa no es otra que la madurez interna del entramado abertzale, o lo que es lo mismo, esa no es otra que ponderar los posibles beneficios de dejar que Batasuna se presente a las elecciones, o apostar por seguir estrangulándoles hasta “madurar” esa situación por agotamiento.

 Lo único que se desprende de todo esto es que ETA ya es historia. En los 80,  nadie en su sano juicio hubiese podido plantearse la conveniencia de una u otra estrategia sin temor a una reacción popular importante. Hoy esa reacción no existe y la baza diferenciadora de batasuna tampoco; y eso no tiene vuelta atrás.

 Se puede estar de acuerdo con la primera tesis y apostar por concederle a Batasuna espacio político a cambio de un desmarque total de ETA. Si se consigue una ruptura de puentes definitiva, es una cuestión de tiempo que la parte que no se integre, termine siendo un grupúsculo más o menos organizado de delincuentes comunes. El riesgo está en constatar que esa ruptura es sincera, definitiva y sin posibilidad de marcha atrás y no un movimiento para conseguir financiación y presencia política.

 Si se decide seguir apretando las clavijas, se corre el riesgo de polarizar el conflicto y de proporcionar argumentos al sector más radical.

 Creo que se debería facilitar ese proceso integrador, pero también creo que las condiciones políticas tienen que ser lo suficientemente leoninas como para no depender de interpretaciones o medias palabras. Si el gobierno consigue esa coyuntura debería arriesgarse y liderar el proceso; si no. No. Ahora nos queda ver la habilidad del ejecutivo para conseguirlo y el grado de voluntad de Batasuna para facilitarlo, porque tal y como están las cosas, lo más fácil para Madrid es ser conservador y no mover ficha. Ellos mismos