El gobierno quiere crear 500.000 puestos de trabajo invirtiendo 2.600 millones en investigación. La medida se complementa con la intención de funcionar como elemento de arrastre para al menos otros 6.000 millones en capital privado.

 Desde aquí esperamos que este estímulo se entienda de una vez desde el fin de la precariedad investigadora en este país y desde una visión realista que acerque a la empresa a otra realidad de mercado. Porque si hace falta algo en este país es que investigación y empresa empiecen a hablar el mismo idioma.

 Entre tantas pifias, debemos alegrarnos por esta medida. El esfuerzo en inversión del Estado en estas épocas tiene que ser especialmente significativo y bien direccionado , porque no solo estamos hablando de salir de la crisis, estamos hablando de cómo se sale y de qué solidez queremos para el futuro. Si hace unos días aplaudíamos la decisión alemana de invertir 12.000 millones en I+D, debemos aplaudir la iniciativa gubernamental. Ahora nos queda por ver como se gestiona y desde qué perspectiva se activa, porque como todo, son importantes las ideas y las inversiones, pero aún es más importante la forma de bajarlo todo al suelo. Y en esto, al gobierno no le queda demasiada credibilidad.