17 may
Puede que Europa nos haya leído la cartilla y que el gobierno no haya tenido más remedio que abrir la mano a los recortes, pero si hay un momento en el que Europa y sobre todo Moncloa son las claves, es este.
Tras los recortes del viernes en la bolsa y el leve repunte del diferencial de deuda, algunos comentaristas han hecho hincapié en que el mercado no consideraba suficientes las medidas del gobierno y la viabilidad de la deuda española; y en que necesariamente la pelota estaba en manos del ejecutivo para abrir el melón de la reforma laboral. Tal vez. Sin embargo hay una explicación bastante más sencilla.
Es bastante probable que tanto la subida del diferencial, como la caída de la bolsa tengan más que ver con la supresión del viernes de compra de deuda española e Italiana por parte del BCE y con recogidas de beneficios después de una subida del 14% que con cualquier otra cosa. Lo que ha pasado ha sido que el BCE creía que había devuelto la confianza a los mercados y el mercado le ha dicho que no. Que tiene que seguir avalando y comprando deuda. Ese es de momento el papel de la UE en toda esta historia.
¿Qué cual es el de Moncloa?. Pues el más importante. Por una parte tiene que dejarle claro a la Unión Europea su compromiso en reducir del déficit, pero por otra tiene que negociar el precio de ese aval; porque algo es rentable o no lo es, en función de lo que se obtiene y de lo que se paga por ello; bien en dinero, bien en repercusión social. El único elemento de negociación de Zapatero es saber que a la UE no le interesa una España fuera del Euro, y mucho menos una España que inicie un camino que pueden seguir otros países en similares circunstancias. Repito, en todo esto hay que buscar aliados potenciales y el papel internacional en Bruselas es vital.
Zapatero tiene la palabra en Europa, pero también la tiene en como repercutir internamente la reducción del déficit , y en como vamos a gestionar una posible vuelta al decrecimiento y al aumento del paro. La cosa es complicada, pero si el mercado no genera oportunidades de negocio que creen empresas, si el consumo va a contraerse y si no podemos endeudarnos más; el gobierno va a tener que reducir gasto no estratégico y aumentar ingresos.
Los sindicatos han sido comedidos contra unas medidas que les han sacudido en uno de sus pilares de filiación. Independientemente de que el recorte del gobierno fuese inevitable o no, los sindicatos tienen que hacer su trabajo. Su planteamiento de un parón solo en el sector público es benevolente y el gobierno debería de tenerlo en cuenta a la hora de proponer reformas laborales. Si Zapatero saca la tijera en los contratos por cuenta ajena, los sindicatos no van a tener más remedio que generalizar las movilizaciones.
Este es el panorama al que se enfrenta el país. Zapatero tiene que direccionar sus recortes hacia una profunda reforma en las estructuras políticas del Estado, puede recaudar con una subida de impuestos que implique directamente al capital financiero y especulativo y a las rentas más altas. Debe intensificar su influencia en la UE para dejar claro lo que nos jugamos todos y tiene que intentar reactivar el mercado apoyando las nuevas iniciativas y facilitando la financiación de la pequeña y mediana empresa. La pregunta es si le quedan fuerzas y crédito político y parlamentario para acometer todo esto – sobre todo lo primero -. Si es así, es una excelente oportunidad para liderar un país. Si no lo es, quizá debería plantearse si quedan opciones en su propio partido, o evitarle al PSOE un castigo innecesario.
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