13 may
El gobierno ha puesto sobre la mesa su batería de recortes para moderar el déficit y acercarnos a unos números en los que casi nadie va a estar en 2013.
Va por delante que analizándolas de forma aislada puedo entender algunas medidas. Estoy de acuerdo con el gesto simbólico de que el gobierno se recorte un 15% el salario. Puedo comprender que determinados funcionarios ( con otros lo entiendo menos) sufran una rebaja en sus ingresos para contribuir a que los parados sigan cobrando su subsidio; e incluso doy por bueno que las pensiones más altas no tengan incremento este año por el mismo motivo. En este país, antes que nada son los parados.
Si estuviéramos en el primer minuto de partido sería lógico que los sacrificios empezaran por la parte de la población más protegida ante la crisis; pero ya no estamos en ese minuto y en esos días, ni se fue severo con la banca, ni estrictos con el capital especulativo. No se obligó a los banqueros a pagar el cheque recibido en forma de acciones. Se incrementaron los impuestos de manera poco progresiva y abusando de los indirectos; y no se purgaron responsabilidades económicas y políticas en la quiebra técnica de las cajas de ahorros.
Quizá después de haber hecho todo esto sería el primero en apoyar al gobierno en una decisión difícil y que estoy seguro que será moderada por los sindicatos; pero todo eso aún no se ha hecho y da la sensación de que en este país los que cobran un salario público no son los más protegidos cuando las cosas van mal. Alguien debería recordarle al ejecutivo que los esfuerzos tienen que ser proporcionales a las capacidades de todos y a las responsabilidades de muchos, porque si no, esto no en Fuenteovejuna. Es la cena de los idiotas.
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