Da igual que el presidente llore, gima o patalee. Incluso da igual que tenga razón o no ( en este caso la tiene). Los especuladores van a seguir haciendo “su trabajo” con la misma paciencia con la que un niñato pijo destroza a patadas un cajero al estilo de la naranja mecánica. La única diferencia es que en esta sociedad el bandalismo financiero es negocio y el niñato pijo, un señor.

 La cosa va a funcionar así. Alguna sesión de caída pronunciada, repuntes especulativos, nuevo estancamiento y vuelta a empezar el ciclo, y así hasta el aburrimiento o hasta que el niñato encuentre otro lugar donde joder más a gusto con la pelota y ganar dinero. Es el “modus operandi” de los mercados.

 Ni Zapatero, ni Rajoy tienen la culpa de todo esto. Hace unos días George Soros comentaba que él solo aceleraba lo inevitable. Quizá los especuladores solo se limitan a retorcer la dialéctica hasta la náusea. Si es así, propongo emular su lógica para reírnos todos. Hace 500 años, cuando un molinero especulaba con el trigo solía aparecer colgado del molino. ¿Una salvajada?. No. Al fin y al cabo el populacho solo imitaba a George Soros y también aceleraba algo objetivamente inevitable.

 Algunos hemos evolucionado desde la lógica del molino, aunque sigamos comulgando con sus ruedas y preguntándonos por qué dos años después de una crisis especulativa, nadie ha cerrado la vía a este tipo de acciones. Lo digo porque mientras sea factible la especulación, siempre habrá un niñato dispuesto a jugar contra el más débil.