3 may
No está siendo una buena quincena para el presidente del gobierno. Primero el asunto del Estatut le ha recordado el error cometido hace unos años cuando se comprometió a reformar algo que en su día no era una prioridad política para casi nadie y sí un terreno engorroso de difícil tránsito. Lo malo para el presidente es que los fantasmas del pasado vienen a visitarle justo en el peor momento. Zapatero no puede darle más argumentos a la oposición en el resto de España con este tema, pero sin embargo debe ayudar a Montilla en unas elecciones cruciales. Lo irónico del asunto es que Montilla necesita de ese Estatut para poder ganarlas.
El presidente es bueno nadando entre dos aguas y esa es justo la habilidad que va a necesitar en este tema. Esa, y la capacidad de darle el máximo apoyo al PSC en todos los asuntos posibles, salvo precisamente en el del Estatut.
El culebrón griego tampoco ha ayudado demasiado. Nuevos vaivenes y sobre todo la sensación de que la respuesta europea está siendo endeble. Mal asunto para una economía como la española que tiene las barbas en remojo. En este tema nos estamos jugando el futuro de Grecia, el de Portugal, el de la propia España y puede que el de la Unión Europea y por ende el del propio concepto de Estado de Bienestar tal y como lo conocemos. Un asunto demasiado delicado como para hacer lecturas simplistas y centrarnos solo en las claves económicas. Lo político y sobre todo lo social tienen mucho que decir aquí a la hora de plantearnos qué Europa queremos.
Con un constitucional en entredicho, un gobierno acosado y una coyuntura económica internacional inestable, al gobierno tiene aún tres cosas más de las que preocuparse:
La constatación inequívoca de que el caso Gürtel no va a ser definitivo desde el punto de vista electoral.
La aparición de una Encuesta sobre Población Activa francamente mala – aunque levemente moderada por los últimos datos del INEM –
Y una encuesta del país sobre valoración ciudadana demoledora; que mantiene la ventaja popular tras Gürtel y la mayoría absoluta de Esperanza Aguirre en Madrid.
Hace un año comentábamos que el PSOE no debía convocar elecciones anticipada salvo en un supuesto. Que ese adelanto pudiera evitar la mayoría absoluta del PP. Hoy vemos que ese supuesto es más que probable y que Zapatero debería empezar a valorarlo. Sus últimos cartuchos son unas catalanas donde debe apoyar a Montilla, unas andaluzas donde va a tener que acercarse a IU, y unas madrileñas casi imposibles donde no solo necesita el concurso de IU, sino no perder votos por el centro. Hay posibilidades, hay estrategias, hay necesidad de ser creativos y sobre todo de mirar más allá de los ombligos de unos y de otros.
Los socialistas; toda la izquierda necesita una catarsis a la hora de entenderse a sí misma. Un cambio de prisma que les devuelva la cercanía de un ciudadano que abandona los debates tradicionales por inútiles y artificiales.
No se si el PSOE sabe, quiere o está preparado para ese viaje desde el gobierno. Tampoco se si es necesario pasar por la oposición o si ese viaje tiene que ir más allá de los partidos políticos tradicionales. Lo que si se es que la izquierda en su conjunto tiene que empezar a pensar de manera global y a construir desde una humildad que nunca debería haber abandonado. Más allá de siglas, sin prejuicios de discurso, cuidando mucho más los valores y con más imaginación de la que ha demostrado hasta hoy. Lo digo porque estamos muy cerca de ese escenario que dibujamos hace más de 2 años. Uno en el que el PSOE sale de Moncloa muy tocado y ninguna otra alternativa de izquierdas es capaz de recoger los pedacitos. Y lo peor es que a la ciudadanía empieza a darle lo mismo. Así de claro. Así de duro.
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