Ya no es una cuestión de que España se parezca a Grecia o a Portugal. Realmente nunca lo ha sido. El problema de que el mercado sentencie a los Helenos no es tanto el de fomentar comparaciones como el de que se centre el foco de atención en los siguientes candidatos; y España es uno de ellos.

El contagio Heleno tiene elementos objetivos, pero sobre todo lo que castiga a España son los subjetivos. Nadie duda de que las cuentas españolas tengan los mismos agujeros que las griegas o de que la economía nacional carezca de más fuste que la portuguesa, el problema es que el capital es miedoso y alejarse de una de las posibles hogueras suele ser la mejor forma de que no se queme.

Alguien dijo alguna vez que la manera más directa de que algo suceda es que la mayoría piense que va a suceder. Las finanzas tienen mucho de psicología y el gobierno tienen por delante una tarea ardua como psicólogo internacional.

Visto lo visto, la medida anticrisis más importante que tiene por delante Elena Salgado es la de tranquilizar a los mercados, porque si la cosa sigue así vendrán muchos más vaivenes especulativos. Hoy tenemos a una Grecia casi hundida, a una Portugal muy amenazada y a una España o a una Irlanda puestas en entredicho. Tarde o temprano la Unión Europea va a tener que apostar de manera mucho más significativa por soluciones económicas de carácter político. Si se apuesta por la unión, retrasar el momento es aumentar el riesgo.