¿Se está judicializando la vida política en España?. Posiblemente sí, pero eso sería imposible sin que el terreno estuviera previamente abonado, o lo que es lo mismo, se están recogiendo los frutos de haber politizado demasiado el poder judicial durante todos estos años. Es cierto que tenemos dos asuntos importantes sobre la mesa; el proceso a Baltasar Garzón por el tribunal supremo y el del Estatut catalán que compete al constitucional. Ambos tienen un claro carácter político, y ambos están bloqueados o levantan una polémica que trasciende lo judicial. Pero ¿Por qué?

Una de las razones puede ser que para ciertos temas, el poder judicial se comporta como un escenario secundario donde se libra la misma batalla política que en el congreso; ni más, ni menos, y que como tal sus decisiones van a depender mucho de la voluntad de los partidos.

Vamos a hacer un pequeño análisis de quien es quien en todo esto:

El Tribunal Supremo es elegido por el Consejo General del Poder Judicial y dicho consejo es elegido  a su vez por el congreso y el senado en una lista que confirma el Rey. Por resumir. “Si tú me elijes a mí para el CGPJ, es muy probable que yo  elija a los tuyos para el supremo”. No pongo en tela de juicio la justicia ordinaria, pero en determinados asuntos que rozan lo político. Da igual quienes estén en el gobierno, toga que se mueve no sale en la foto. Salvo Garzón, claro, ese no hace mas que moverse….y así le va últimamente.

En lo referente al constitucional viene a pasar algo similar. El tribunal constitucional es el máximo referente a la hora de interpretar la constitución, y sus miembros también son elegidos por el Congreso, por el gobierno,  por el Senado ( con un papel protagonista de las comunidades)  y por el CGPJ. Exactamente lo mismo pasa con el Fiscal General del Estado quien es nombrado a propuesta del gobierno de turno.

Cuando Montilla insta a Zapatero y a Rajoy a cambiar la composición del tribunal constitucional, acierta con los interlocutores. Acierta, sí;  pero su petición ( independientemente de que sea justa o no),  no deja de recordarnos la causa por la que el poder judicial parece bloqueado al enfrentarse a temas de cierta magnitud política. Sencillamente porque es complicado ser independiente con este sistema y porque mientras cada cual siga eligiendo a los suyos va a ser difícil que sus señorías no cumplan con sus electores.

Pero ¿Realmente se garantiza la independencia del poder judicial en otros países del mundo?. En Alemania no hay tribunal supremo, digamos que hay muchos tribunales supremos ( cortes Federales) que tienen competencias especializadas. Sus miembros son elegidos por el Bundestag y por el Bundesrat, que viene a ser una representación de los diferentes landers territoriales. Un esquema similar al español con la particularidad de que los poderes a elegir están más fragmentados. El resultado es que el poder se reparte entre mayor número de gente y por tanto es más difícil controlarlo.

En EEUU, los fiscales ( su labor es similar a la de un juez instructor español), son elegidos democráticamente. En lo referente a la corte suprema y a los jueces federales, son elegidos por el presidente con la aprobación del Senado, pero su elección es vitalicia y solo se renuevan a medida que se jubilan, se mueren o abandonan voluntariamente el cargo. La idea es precisamente garantizar la independencia del judicial lo máximo posible mediante la creación de un contrapoder. Ningún sistema es perfecto. Todos generan problemas y estoy seguro de que en estos países también se forman lobbies. Pero solo hay una cosa peor que muchos lobbies; la concentración de poder en manos de unos pocos.

Evidentemente hay más elementos en juego, aunque sin comprender todo lo anterior es complicado explicarnos que está pasando con el Estatut – donde el PP usa todo este entramado para bloquear -,  o con el caso Garzón. Lo digo porque quizá tendríamos que plantearnos la cosa de otro modo. Lo que vive España estos días tiene mucho que ver con la contaminación de la crisis de la sucursal ( poder judicial) por parte de la central ( legislativo/ejecutivo).

Pues eso, que no estaría de más ponerse a cambiar algunas cosas.