Existe una línea muy gorda entre ser independiente y ampararte en una supuesta independencia para favorecer tus intereses. Garzón es un mal instructor de casos y no apostaría sobre su lugar en relación a esa línea; pero lo cierto es que sería tan malo tener a más de un Garzón como no poseer ninguno.

 Siempre he preferido a la gente que hace que sucedan cosas. Los que se amparan en “la prudencia y el rigor” para que nunca pase nada, me aburren. De hecho, lo único que me gusta de Garzón es esa falta de prudencia a la hora de elegir casos. Puede que lo de Pinochet fuese populista y desde luego no contribuyó a que el dictador terminara su vida en la cárcel, pero ha creado un precedente que hace que determinada gentuza se lo piense antes de conocer mundo. No estoy de acuerdo con la ilegalización de Batasuna, pero hay que reconocer que Baltasar Garzón tuvo el valor de tirar una piedra que ningún otro se había arriesgado a tirar antes, y que la pedrada ha ido a darle donde más le duele al entorno de ETA;  en la cartera.

 Quizá Baltasar Garzón haya elegido sus casos con más sentido del marketing y de la política que judicial, y es curioso, porque hoy no deja de ser víctima de una operación similar de signo contrario.  No es cuestión de acatar las decisiones judiciales. Nos gusten o no, no nos queda otra. Es cuestión de observar el mamoneo que se traen sus señorías y de asistir a la evolución política de nuestra crisis. Quizá dentro de unos años nos demos cuenta de que lamentablemente estamos siendo testigos de nuestra Historia. De primera fila.