Me acaba de llegar un aviso de que el bueno de Sebastián me va a mandar otra bombilla un día de estos. El tríptico mola. Sobre 5 mendas de la selección  aparece una mano en forma de pipa a lo James Bond y un circulito amarillo que ilumina la yema del dedo. Todo en rojo, con mucha información y el sello del ministerio de industria debajo del escudo del plan E.

 Calculo que el envío va para todo el mundo, porque la otra opción que se me ocurre es que solo se repita  para los que fuimos a por ella el año pasado y no contribuimos a dejar correos como una fábrica después de una huelga a la japonesa.

 Sebastián, tronco. Si yo no digo que esto no sirva para concienciar a la gente y para publicitar el plan E. Tampoco niego que se hayan ahorrado 94 millones de euros en electricidad o que no haya servido para nada. Lo que digo es que entre el precio del tríptico, el envío de los 7 millones de avisos, el envío de los 7 millones de vales, el envío de las 7 millones de bombillas, el tiempo del colega de correos, el precio de las bombillas y lo que cuesta el stockaje, no se yo si hemos hecho un buen negocio.

 Tampoco es cuestión de mirarle el retorno de la inversión a todo, pero es que en tiempos de crisis es un concepto que tendría que tenerse en cuenta. Vale que no he dicho nada. La vez anterior fui a por ella porque estaba en paro, hoy, como ando currando no se si tendré tiempo. Pero si lo tengo, te prometo que voy a por mi bombillita y la coloco en mi mesilla de noche. Que no se diga que soy un mal español y que no quiero arreglar la crisis.