26 feb
La timba de la Salgado no tiene nada que ver con aquella a la que un día invitamos a Solbes y a la que, por cierto, no vino. En la timba de la Salgado cada uno juega a un juego distinto y aún no queda claro quien va a unificar las reglas.
El gobierno ha iniciado su ronda de contactos para hilvanar ese gran pacto que todo el mundo pide refiriéndose a cosas distintas. Es una buena idea escuchar las propuestas de los partidos políticos, pero va a corresponder al gobierno la toma de decisiones. El ejecutivo tiene que determinarse y aguantar el chaparrón que corresponda como parte de su responsabilidad política. En esa timba, cada cual recomienda sus cosas como yo recomiendo las mías, y va a ser complicado que la respuesta aparezca en las recetas típicas. Es bueno que el gobierno reciba una lluvia de ideas. Ahora tiene que seleccionarlas y confeccionar un plan con las suyas propias y buscar aliados a un lado o a otro para tirar del carro, porque gobernar siempre acarrea enemigos, y en estas circunstancias, si se hace bien deben ser poderosos.