25 Ene
A día de hoy ni lo se, ni tengo datos. Si me preguntan si quiero una central nuclear en mi jardín o si me apetece que un cementerio de residuos tóxicos pulule entre los acuíferos, diré que NO. No soy gilipollas.
Por el contrario, si me preguntan si quiero un polideportivo junto a mi casa y máquinas expendedoras de ambrosía y maná gratuito en cada esquina de mi ciudad, diré que SÍ. Como todo el mundo.
Pero es que resulta que ninguna de esas preguntas aportan demasiado a una gestión correcta de la “cosa pública”; o al menos no por sí solas. Para enterarnos de la fiesta quizá tengamos que saber cuanto nos cuesta la ambrosía, qué precio estamos dispuestos a pagar por cada watio y a qué consecuencias nos obliga cada una.
Quizá haya llegado la hora de preguntarnos cuanto cuesta apostar por unas energías o por otras, cuales son las más rentables y en qué términos, qué riesgos humanos barajamos, cuantos puestos de trabajo crearía cada elección o que impacto ambiental tiene cada apuesta. Con todas estas respuestas debemos abordar el debate energético. Si se juega la baza de las nucleares, esto generará nuevas preguntas que habrá que responder; pero también tiene que generar nuevas centrales. Si no se hace, tendremos que ir desmantelándolas al ritmo que creamos conveniente e ir creando alternativas. Se haga lo que se haga, va siendo tiempo de que tengamos las ideas claras; porque llevamos 30 años dando tumbos con el tema. No se puede dejar este tema en manos del que más grite o del que mejores estudios pueda pagarse para demostrar una tesis u otras. Hoy, gobernar empieza a ser necesariamente otra cosa.




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3 Responses for "Nucleares a debate"
Una cosa es el debate sobre la energía atómica y otra lo que los yanquis llaman el efecto “nimby” (”not in my backyard”, no en mi patio trasero): que hay cosas que podemos considerar deseable que existan, pero mejor que existan lejos. El efecto “nimby” se nota en cosas como las centrales nucleares o los cementerios nucleares (en el caso de la gente que apoya la energía nuclear pero la quiere lejos, el caso de los que están en contra de las centrales nucleares no tiene nada que ver con el efecto “nimby”), o, por ejemplo, los centros de rehabilitación de drogadictos (mucha gente que apoya su existencia no quiere tenerlos en su barrio). Centros penitenciarios, vertederos, incineradores de basura, etc. suscitan este tipo de respuestas, y es irrelevante que consideremos dichas respuestas “insolidarias”: hay que contar con ellas, y la única forma de resolver estas cuestiones es dar compensaciones. En el caso de los cementerios nucleares parece que son sustanciosas.
Estoy con usted en que aunque se apueste por la nuclear a casi nadie le gusta tener el mochuelo en casa. De todas formas eso no quita para que haya que afrontar de una vez el déficit energético del país, de una manera o de otra.
Pos eso, que cositas claras y si se hace esa apuesta, pros, contras y posiblemente cheques. y si no se hace, alternativas.
Desde mi punto de vista y mi ignorancia atrevida, creo que no hay nada que debatir en cuanto a la energia nuclear mientras genere residuos con los que vamos a enmarronar incluso a nuestros nietos. No siempre se puede ir a tope en todo y creo que habría que hacer un esfuerzo por buscar algo alternativo…
A no ser que claro se encuentre algo que funcione limpiamente… De momento se intenta y parece que se avanza.
http://web.mit.edu/newsoffice/2010/fusion-ldx-0125.html
Un saludo.
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