Dicen las malas lenguas que las casas en Madrid se dividen en dos tipos. Las que se venden y las que se alquilan. 50.000 viviendas en stock y una deuda autonómica y municipal considerables son garantía de que los madrileños tendrán que volver a las cañas después de tanto pelotazo.

 Madrid ha sido la capital de España de este modelo insostenible y ridículo de desarrollo, al que parece querer poner freno el banco central con sus últimas declaraciones. El bueno de Malo de Molina nos comenta que es necesario innovar, y conseguir un tipo de contrato que respete los derechos adquiridos de los trabajadores y ponga fin a la discriminación entre indefinidos y temporales. ¿Querrá el Sr Malo ser el primero en igualarnos al alza y en subirnos el salario a todos?. Me temo que las insinuaciones del Banco de España se centran más en endulzar la píldora, que en ese filantropismo del que los financieros suelen hacer gala.  

 No me negaré a que el señor de Malo de Molina revise mi nómina y mis condiciones laborales si a cambio me deja revisar el papel de bancos y cajas en los últimos años. Tú me bajas el despido y yo empiezo a tomar decisiones sobre préstamos bancarios, falta de control, comisiones, hipotecas indebidas, deuda, riesgos de mora, ampliaciones de capital, financiaciones irregulares y préstamos recibidos por el erario público. Le ofrezco al señor de Molina un trato justo, un “quid pro quo”. Claro que los banqueros suelen estar acostumbrados a otro tipo de negociaciones. ¿no?.