Elena Salgado dice que no hay manera de saber cuanta economía sumergida hay en España. La frase de la ministra me ha hecho recordar los tiempos en los que hacía la tesis doctoral y los problemas que tenía para hacer una estimación fiable de los inmigrantes ilegales en España. Diez años ya. Como pasa el tiempo.

Siempre es difícil contabilizar lo ilegal. Nadie sabe el numero de camellos o de prostitutas que no trabajan a diario en lugares que no existen; ni siquiera el número de camareros o de asistentes del hogar que nos ponen el café trabajando de forma irregular.

No conozco ninguna avestruz que se haya librado del coyote escondiendo la cabeza. La ilegalización de algo suele ser la forma más directa de no enterarte de que ese algo se acerca, crece y se convierte en una realidad que hay que gestionar. Lo del ayuntamiento de Vic no es solo una decisión que roza la xenofobia, es una decisión que anida ampliamente en lo más profundo de la estupidez palmípeda. ¿Efectos llamada?. No voy a negar que en épocas de bonanza algunas decisiones pueden haber contribuido a ello, pero es que resulta que en esa época se necesitaba mano de obra. Hoy la cosa cambia y nos quedan dos opciones. O se asume que la inmigración está aquí para quedarse y que hay que articular en serio políticas de formación, integración y normalización, o habrá problemas. Hace una década ese era uno de los puntos de una tesis en economía aplicada que dejé cuando estaba bastante avanzada. Diez años más tarde, cuando creo que todo el mundo pensaría que lo que se proponía era evidente, parece que algunos siguen emperrados en no enterarse de la fiesta