Solo hay una cosa que irrita más que la verdad. Decir la verdad de manera simple y en el momento adecuado. Lo más interesante de la acción de Uralde no ha sido el trasfondo, sino el contraste entre un mensaje simple y el fracaso de una reunión millonaria en presupuesto y en parafernalia. Ya lo decía mi abuelo. La desnudez es siempre el mejor modo de poner en evidencia a los que llevan chorreras.

 El problema suele ser que la vanidad es tan estúpida como ejemplarizante en lo colérico. López de Uralde ha pagado los platos rotos del fracaso de la reunión, de la metedura de pata en los protocolos de seguridad y de lo sangrante de su mensaje en una sola detención. Nunca he sido demasiado ecologista, ni de discurso, ni de actitud; lo reconozco y no me enorgullezco. Soy antropocéntrico y me preocupa el medio ambiente como elemento que de no manejarse bien, puede perjudicar al ser humano en un futuro. Ni más, ni menos. Entiendo que existan países a los que la ecología les parezca una moda de europeos pijos que se ponen estupendos después de haber machacado el globo durante 200 años para industrializarse. Eso es cierto, pero también es cierto que entre todos estamos jodiendo el planeta.

 Cada loco con su tema. Unos a montar reuniones costosísimas para hacerse fotos y otros a propiciarlas. Y entre tanta locura, creo que la de Uralde es la más sana de todas. Que dure muchos años.