Los ritmos en la vida siempre son los que son y no los que nos gustaría que fuesen; entenderlo suele ser vital en esto de la cosa pública. Hace meses dijimos que la pérdida de las europeas fue un punto de inflexión para el PSOE. A partir de ahí ha ido marchitándose el juego parlamentario y la esperanza de vida política de Zapatero merma día a día.

 La importancia del debate del otro día en el congreso la va a marcar el propio presidente. Hasta ahora había ido librando los escollos de una u otra manera o habían sido los ministros los encargados de pararle las balas. La semana pasada fue la primera vez en la que Zapatero pudo comprobar de primera mano hasta que punto llega el desgaste de su gobierno. Ya no vale la presencia del presidente en el parlamento para parar las críticas.

 Cuando has liderado varios equipos de gobierno que se queman en un año, tienes que empezar a pensar en ajustar tu estilo de dirección; bien en la gestión, bien en la selección, bien en ambas cosas. Es complicado concebir que la responsabilidad del desgaste sea a la vez de Solbes, Salgado, Aído, Chacón, De la Vega, Bermejo, Aguilar, etc…Hasta ahora el presidente ha conseguido enderezar el rumbo en sus enfrentamientos con Rajoy. A partir de ahora sabe que eso no es suficiente. ¿Habrá tomado buena nota?.

 Si lo ha hecho se impone un cambio radical en su modelo de gestión que puede empezar por un cambio de equipo hacia perfiles más sólidos, pero que también tiene que plasmarse en una dirección menos presencial y en seleccionar sus campos de aparición pública. Si Zapatero quiere llegar al final de la legislatura debería exponerse menos y hacer una labor más recogida de fortalecimiento de su nuevo equipo de gobierno. Esa es mi oferta. La de alguien que no gana nada con ella; y puede que a estas alturas ya no pueda rechazarla.