Los controles son siempre lo mas complicado de la gestión. Crear un punto de equilibrio o de juegos de poderes y contrapoderes que garantice la equidad, sin ahogar el libre funcionamiento de una organización es muy difícil. Recuerdo el día en que despedí a  uno de los policías que guardaba la fábrica por colocarse esnifando disolvente. La pregunta a la que dediqué varios días de reflexión era tan sencilla como angustiante. Llegados a cierto punto ¿Quién controla al policía?. Alemany tiene razón cuando comenta que una de las claves de la corrupción es la de la financiación de los partidos políticos. En una sociedad donde los gastos publicitarios y las campañas electorales crecen al ritmo de la imaginación de cada responsable es muy difícil creer que los partidos se financian de las cuotas de sus afiliados o del escaso dinero que reciben de la administración pública por papeleta y escaño.

 La transparencia es lo único que  para la podredumbre y para eso debemos empezar por legislar sin dejar huecos a la creatividad. Pero ¿Cómo podemos conseguir frenar este tipo de corruptelas?. La única manera que se me ocurre es suprimir las donaciones privadas o reducirlas a lo simbólico, limitar los préstamos bancarios a partidos y aumentar en una medida lógica el presupuesto estatal que se destina a su financiación. El ciudadano debe entender que estamos en el siglo XXI y que las cosas cuestan dinero, pero también podrá visualizar lo que nos cuesta de verdad el sistema. ¿Quién sabe?, puede que a partir de ese momento las buenas gestiones internas empiecen a ser argumentos electorales mas contundentes que las sonrisas.

 El segundo foco de corrupción siguen siendo los ayuntamientos. En la España del ladrillo, innumerables municipios han vivido de hacer la vista gorda con recalificaciones, proyectos de dudosa legalidad y trapicheos varios. Huelga decir que como todo grupo de focos, los de corrupción siempre están interconectados. El problema es que tras el bluff urbanístico la cruda realidad nos cuenta, bien que los ayuntamientos han gastado demasiado, bien  que su presupuesto regular no es operativo. Sea como fuere urge articular mecanismos que doten a los municipios de la financiación adecuada, pero a cambio debemos exigir claridad en la procedencia de cada asiento contable y una adecuada gestión de su presupuesto. La palabra mágica vuelve a ser transparencia.

 ¿Qué de donde saldría el dinero necesario para este cambio?. El primer punto, el de la financiación de los partidos iría con cargo al ciudadano, y el segundo en forma de tasas a pagar por los implicados ( Promotoras, constructoras, etc..) y revisadas por un organismo independiente, porque no suele ser bueno que el responsable de una decisión sea el beneficiario. Si hace falta mas dinero los paganos debemos ser nosotros, que somos los consumidores de la democracia; claro que como paganos, después tenemos derecho a elegir y a juzgar.

 ¿Terminaría todo esto con la corrupción?. Evidentemente no, pero si articulamos una expresión penal que la desincentive, admitimos una corresponsablidad en el partido de procedencia del corrupto que vaya más allá de lo electoral, exigimos por ley transparencia en cada Euro que ingresa o sale de un partido político y lo regamos con buenos cuerpos de auditores y jueces vitalicios especializados en el tema e independientes a nivel político, puede que se corte bastante el flujo; porque hay algo claro,  pensar que todas estas actitudes son individuales es seguir mirando para otro lado…..hecho esto, solo nos queda responder a la primera cuestión, esa que dice aquello de ¿Quién controlaría a ese grupo de policías?. Aún así creo que el viaje no solo merece la pena, sino que es necesario.