Hoy he tenido la suerte de hacer un viaje largo en coche. Digo la suerte porque me ha permitido no ver el desfile del Glorioso Ejército Español por la tele pero sí las declaraciones que ha hecho Santiago Carrillo a la SER a costa de los gritos que abucheaban al Presi y le pedían su dimisión. Carrillo no está chocho, pero a fe que si algún día tuvo otra pretensión que vivir sin dar un palo al agua, hace tiempo que la ha perdido. El bueno de Carrillo se ha arrancado diciendo que aunque no le guste la fiesta nacional, los conservadores que gustan de ver desfiles carecen de madurez democrática y no pueden montarle a Zapatones el pollo en el día de la nación, sino esperarse a votar a su oposición cuando la ocasión lo permita.

No creo que mi ideario político tenga nada que ver con el de esos señores a pie del desfile, pero seguro que tienen todo el derecho del mundo (más que nunca en el día de la Nación) de exhibir su descontento, su rabia y su desprecio por la medianía de presidente que tenemos. Si un gobernante cualquiera es un chapucero, cualquier momento es bueno para hacérselo ver. Cualquier momento debería ser bueno para deponerlo o, en su caso, ser juzgado por alta traición a su pueblo. El que en un momento concreto hayas ganado unas elecciones no te otorga poderes supremos para hacer y deshacer durante 4 años. Por mi parte, intentar confundir la falta de respeto que siento por el presidente y que estos tipos sienten por Zapatero con una falta de respeto al pueblo soberano (aunque de soberano tiene bien poco)  es lo que de verdad es una falta de respeto y un chorreo de primera magnitud. Pero ya estamos acostumbrados.