1 oct
Pues sí, toca PP. Y no toca PP porque crea que el resto de partidos se financian vendiendo cupones de rifas para ayudar a los huerfanitos. Toca PP porque es al PP al que le han pillado financiándose con dinero negro. Demasiado trapicheo. En un país donde hasta hace nada teníamos los mismos billetes de 500 Euros que entre todo el resto de Europa, resulta difícil concebir que algunos partidos no se quedaran con algo entre las manos.
Es lo bueno de los negocios de familia. Madrid y la Comunidad Valenciana han sido dos de los lugares donde mas fuerte ha impactado el ladrillazo y es de todos conocida la intuición popular a la hora de hacer buenos negocios. Después de haber vivido en México, uno tiene un master “cum laude” en corrupción. Si has llevado una empresa por aquellos lares, el master se convierte en doctorado en un par de semanitas. Existe todo un metalenguaje del corrupto. La forma de moverse, de hablar, incluso de respirar forman un universo de comunicación paralela con sus propias normas. Una de esas normas dice que si ves la punta del iceberg, por debajo hace mucho frío. Los trajes de Camps nos hablaban de una filosofía de hacer política. Si el fondo de una organización es sano es complicado que a nadie se le ocurra ofrecerle un regalo al jefe. Si no lo es, aparecen los bigotes y los trajes terminan formando parte de tu vestuario.
No creo que el asunto de Valencia le pase una factura definitiva a Mariano Rajoy; ni mucho menos. Y no lo creo, porque el ciudadano sigue queriendo creer y porque hace tiempo que fingimos no saber lo que se ha movido en este país. Quizá sea la forma indolente de poder seguir viviendo. ¿Quién sabe?. Pero de momento que paguen los implicados. Aunque todos sepamos que en España, los auténticos implicados nunca pagan.
2 Responses for "Valencia y el PP"
a la gente le gusta, le encanta, le pone que le roben. Forma parte de la cultura política, y el que no mete la mano “o no puede o es tonto”. Estamos en manos de una mafia calabresa ante la que permanentemente nos quitamos el sombrero: buenas tardes don Mariano, pase usted don José Luis…
siempre a la eterna espera de “¿y qué hay de lo mío?”.
El problema es ese, don. Que la clase dirigente de algo suele ser el reflejo de ese algo, y viceversa.
Así nos luce la peluca
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