La comparecencia del presidente en el congreso ha sido como ese primer día de clase en el que solo se pasa lista. Aunque llevaba chuleta, Zapatero ha comprobado de primera mano como está la correlación de fuerzas parlamentarias a la hora de esquivar el escollo de los presupuestos. Tras iniciar con un repaso bastante benévolo sobre su gestión de la situación, el presidente ha estructurado el discurso en tres ejes muy marcados. Protección social, planificación de la situación y coherencia de las medidas realizadas en función de la coyuntura.  Hay que darle cohesión  a lo hecho y presentarlo como un conjunto intencionado, aunque sea a posteriori.

 

El objetivo de Zapatero no era tanto el de propiciar nuevos titulares, como el de controlar el desaguisado político que su propio equipo ha formado estos últimos días. Tratar de apuntalar cierta imagen de solidez e incidir en la apuesta social que están realizando era imprescindible, aunque para ello tengas que someterte a los dardos del resto de grupos parlamentarios. Y así ha sido. Con una oposición mas sistemática, y un Rajoy mas eficiente de lo habitual a la hora de buscar un discurso crítico, el PP ha aprovechado la oportunidad mejor que otras veces.

 

Del escenario que se ha planteado en el congreso se pueden sacar dos conclusiones:

 

Los errores del gobierno cada día son mas caros, y sus aciertos cada vez puntúan menos. Se acabó la joda del aquí te pillo, aquí te mato y el ejecutivo va a tener que ser muy calculador para controlar las situaciones venideras antes de que se produzcan.  Si Zapatero ha aprendido la lección, su equipo tiene que empezar a pensar como un solo individuo, y para eso van a tener que practicar mucho, porque no están acostumbrados. La segunda conclusión es aún mas clara. El presidente va a seguir apostando por no perder la calle a cualquier precio. El gran error de González en los 90 sigue planeando sobre el horizonte socialista. No habrá grandes pactos de Estado, porque a la hora de elegir menú es difícil ponerse de acuerdo entre demasiados comensales. La mano queda tendida, pero no a la globalidad, sino a lo concreto, o lo que es lo mismo, al juego parlamentario.      

 

En definitiva, Zapatero ha cumplido a la hora de presentar un discurso estructurado. Mas sobrio y con menos muecas de jugador de poker. Queda apuntada la reforma tributaria y ese plan de economía sostenible con los que avivar la llama de unos mas que discutibles brotes verdes. No voy a entrar a valorar el fondo, porque ya he dicho antes que el análisis del gobierno coincide con lo que este blog lleva diciendo un par de años . Ahora solo queda por ver si coincide también la ejecución. Pero sea como fuere, la pregunta que se me ocurre es solo una. Señor presidente ¿De verdad tenemos que creerle?.