No se si el PP ha sido escuchado por el gobierno. No se si Rubalcaba ha ordenado las escuchas o si Esperanza Aguirre ha escuchado a Rajoy y se la ha envainado en sus acusaciones. Lo único que se es que el ciudadano está cada día mas harto de no ser él el escuchado.

 

Escuchar es relativamente fácil, es rentable, difícil de demostrar y da buenos resultados. Acusar de algo sin pruebas es igualmente sencillo e incluso se puede montar toda una aparente conspiración con la que bombardear durante meses los oídos de los ciudadanos; solo hacen falta un par de medios afines. Ambos, el acusado y el acusador, tienen la potestad de denunciar el tema delante de un juez y de no aburrirnos. Claro que para eso hay que ser consciente de que el remedio no es peor que la enfermedad y de que lo que salga de ahí no va a terminar perjudicándote.

 

Según los socialistas, las acusaciones populares van encaminadas a distraer la atención sobre los escándalos de corrupción del PP. Según los populares es el gobierno el que sigue el estilo Aznar y se dedica a agobiar a la oposición. Todo un misterio. Y es tan misterioso porque la realidad roza lo rocambolesco.

 

Es el PSOE el que desvía la atención de la crisis hacia un PP corrupto que se defiende desviando la atención sobre las escuchas. Todo un mareo que da nauseas, y revuelve el estómago. Porque al final para ambos partidos,  la verdad va a ser lo único insignificante de todo esto.