Hace unos días, Don Rafa Hortaleza escribió un post sobre Carrillo que ha generado un debate en una parte significativa de la blogosfera próxima a IU. Aunque este blog no es histórico, ni suele meterse en las cosas internas de los partidos salvo cuando atañen a lo externo ( de meterme donde no me llaman, ya me encargo yo fuera de él), esta vez vamos a hacerlo, por ser un debate que puede contribuir al devenir del presente y por haber sido invitado a ello.

 

 

Santiago Carrillo llega a España con la idea de convertir al PCE en un partido de poder, o al menos en el partido de referencia en la izquierda española. A su favor, una militancia activa y una presencia en la escena política nacional que el PSOE no tenía, ni a nivel de barrio, ni a nivel de lucha obrera (CCOO). En su contra, 30 años de satanización comunista por parte del régimen de Franco, la exclusión inicial de la vida política, y una buena parte del partido que seguía a su líder, mas por disciplina que por convencimiento.

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No voy a meterme en las consecuencias o las acciones que ejecutó Carrillo para tratar de realizar su viaje. Lo único que vamos a valorar es la estrategia en sí, y el porqué de su fracaso. El secretario general del PCE es el primero en entender que la sociedad de los años 30 no es la misma que la de los 70 y que debe adaptarse a ella. Basándose en el modelo italiano, Carrillo propone un partido comunista integrado en el sistema que sea capaz de acceder al poder para trasformarlo desde dentro, o para ir proponiendo cambios que hagan evolucionar a la sociedad, pero su error es de raíz y no está en el discurso, ni en la estrategia. Está en su protagonista.

 

En 1974 Se realiza el XIII congreso nacional del PSOE en el exilio. En él, la vieja guardia socialista es sustituida por otra generación, ajena a la guerra y a los 30, más acorde con la edad de unos profesionales que toman muy jóvenes las riendas del país y que proceden del baby boom de posguerra. González escenifica una nueva España que es capaz de ilusionar a la izquierda de los 70 ( y después de decepcionar a muchos). Una opción de cambio, con un protagonista que representa el cambio y dirigida a la gente que quiere romper con el pasado (otra cosa es que algunos pensemos que no se cambió demasiado). Carrillo asume un discurso aperturista, pero su propia figura no encaja en el mismo. Es la misma lógica que marca el techo político de Fraga. y esa lógica es su propio pasado Da igual lo que digas y como lo hagas. Estás demasiado mediatizado por tu propia historia y no conectas con los oídos a los que te diriges. La debacle del PCE no se produce en el 82. Nace en Suresnes, y es en Suresnes donde empieza el relevo de la forma de hacer política en España. La imagen, la capacidad de seducir, los medios masivos y el objetivo de comprender al propio electorado ( o al menos de parecerlo), van a terminar imponiéndose en las urnas a la acción directa, el pasquín y la pancarta; y Carrillo, ni puede evitarlo, ni va a conseguir subirse al nuevo barco.

 

 

¿Quiere esto decir que estaba equivocado?. Personalmente creo que no, y que debería haber una parte de Carrillo en la nueva izquierda. Javi comenta que es imposible transformar la sociedad desde el parlamentarismo. Yo creo que es posible, pero también creo que un partido político está obligado a no perder la realidad y a tener claros sus principios y objetivos.

 

 

Carrillo jugaba para intentar ganar; hoy la situación ha cambiado. En 1977 se repartían las primeras fichas, todo estaba abierto y empezaban a ponerse las reglas del juego. Hoy la oportunidad no es tan grande, pero en los escenarios de crisis aparecen opciones para los que tienen propuestas nuevas y las cosas claras. La sociedad también ha cambiado con respecto a la de los 70. El reto de IU y del PCE es ser capaz de conectar con ella desde la izquierda, con un discurso independiente que empiece donde termina el del PSOE.

 

 Después de 30 años de democracia y varios de “socialdemocracia”, el debate sobre el reparto de los recursos sigue mas presente que nunca, pero quizá haya que buscar fórmulas diferentes a las tradicionales para conectar con una sociedad mucho mas diversa. Si se tiene claro el fondo, la forma a adoptar debe ser siempre la mas conveniente de todas las que coincidan con tu ética, y la que mejor aproveche todos los elementos a tu alcance para comunicarte con tu público objetivo.