La cosa está enrarecida, de eso no hay duda. Cuando el panorama es contradictorio, la bala puede salir por cualquier sitio y nunca sabes donde ponerte al empezar la “balacera”.

                 

Hace algún tiempo escribimos en este blog que un partido en el gobierno suele inclinarse, por inercia, hacia el sitio desde donde recibe los golpes. Bien, el golpe más duro que puede recibir un gobierno es perder unas elecciones.

 

La primera conclusión nos avisaba de que el PSOE iba a avanzar hacia la derecha que es el sitio por donde se supone que podía perder algún voto. Algo así ocurrió en la segunda mitad de los 90.

 

Sin embargo el panorama ha cambiado desde entonces y el denominado “centro político” apenas existe en España. Hoy, las elecciones se ganan dejando en casa al elector del partido contrario y el trasvase de votos es contado. El problema es que es complicado saber que tendencia tiene el voto que se queda en casa, dentro de un mismo partido.

 

Para más INRI, a esto hay que sumar la complejidad de la situación parlamentaria. Lo malo de jugar con apoyos puntuales es que en épocas de crisis puedes terminar boxeando a la contra y eso es muy malo si no tienes pegada. El gobierno tiene dos opciones, o se va a la derecha buscando el apoyo de CIU y se arriesga a perder la calle, o busca apoyos por su izquierda, esta vez comprometiéndose a reformas económicas trascendentes. No vale el boxeo de piernas, queda 1 asalto,  lo tienes jodido en las cartulinas  y hay que ir hacia delante.

 

Si en los 90, la búsqueda “del centro” no fue buena, hoy lo va a ser menos y con decisiones como las de ayer, Zapatero corre el riesgo de quedarse en tierra de nadie. Es curioso, porque en un deporte como el boxeo, las piernas y la pegada son vitales, sin embargo gana casi siempre el boxeador que más cabeza tiene, y es muy poco inteligente conectar ganchos contra ti mismo.