Felipe González nos cuenta que ha habido un cierto error en la última campaña socialista. Sobre el riesgo de una apuesta agresiva para movilizar al electorado ya hablé en un post anterior. Dejando a un lado los contenidos políticos, donde creo que ambos partidos han dejado bastante que desear, en lo mediático hubiese apostado por una campaña un par de tonos por debajo de lo que lo ha hecho el PSOE.

 

Más que al PP o que a cualquier otro partido, el ciudadano a lo que más miedo le tiene ahora es a la crisis. Las propuestas constructivas desde la economía, no solo son necesarias, se hacen imprescindibles y cada minuto que se emplea en no avanzar, es un minuto que se retrocede. Independientemente de estas consideraciones, uno tiene que valorar a la persona escogida para llevar a cabo una estrategia o elegir estrategia en función de esa persona.

 

A veces he sido duro con López Aguilar. Que nadie me entienda mal, creo que es un perfil que puede encajar muy bien en muchas labores, pero no como cabeza de lista en unas elecciones difíciles. Si hablamos de movilizar, Aguilar no era la persona.

 

La elección del cabeza de lista y de la estrategia no han ido en la misma dirección. La capacidad de ilusionar es un intangible más necesario en unas ocasiones que en otras. Las coyunturas complicadas son el paradigma de esa necesidad.

 

Como este tipo de campañas suelen elegirse cuando las cosas se ven mal, nunca sabremos hasta que punto son eficientes, aunque se ejecuten adecuadamente. En fin, la vida sigue, los problemas también, y al gobierno se le acaba el crédito para coger el toro por los cuernos.