La verdad es que hace años no había nadie que fuera más europeísta que un servidor. La idea de una Europa social, al más puro estilo nórdico, me resultaba irresistible. Desgraciadamente me he convertido en un descreído de primera. El parlamento europeo no sirve para nada. Ni política exterior común, ni ninguna cortapisa a la actuación de las grandes corporaciones (y sus marranaditas) en el territorio europeo. Ni, en definitiva, nada que no sea ayudar aún más a “El Capital” a que nos joda un poquito más la vida.

Una gran superestructura estatal debería de servir para que ese estado marcara las reglas de juego dentro de sus fronteras. Lo cierto es que las Multinacionales han alcanzado un poder que se escapa a pequeños estados como España o Francia si actúan por separado. Europa podría plantar cara e imponer su criterio, pero en Bruselas hay unas instituciones un tanto corruptas por la buena vida y la falta de responsabilidad real. Todo ello unido a la falta total de exigencias a los miembros de las mismas y a lo que parece ser la venta generalizada de altos cargos al poder.

De entre los candidatos a las europeas sólo veo cosas que no me gustan o que sí me agradan pero no tienen opciones de hacer nada de nada.  Es triste que al final Europa sólo esté sirviendo para jodernos los salarios y crear un gran mercado para que los grandes produzcan muy barato y vendan caro y mucho.

Es una pena.