31 mar
Acabo de ver al amigo Mariano en televisión y he decidio programar el segundo post del día. Vamos por partes. En lo presencial, el presidente del PP no ha estado mal, más cercano que otras veces y con un mayor dominio de la situación, incluso a la hora de comentar anécdotas propias. Ha manejado bien las preguntas y ha evitado los temas escabrosos sin demasiadas complicaciones. Ya hemos dicho que este formato favorece al candidato a la hora de contestar, porque es complicado acorralarle en una sola pregunta. En este sentido, el moderador ha estado algo más permisivo con los ciudadanos que en otras ocasiones y Rajoy ha respondido bien. Es digno de destacar el reconocimiento implícito del ridículo que su partido ha hecho en la pasada legislatura con el 11 M. Rajoy empieza a sentirse fuerte a nivel interno y eso se nota a la hora de proyectarlo fuera.
El debate en general se ha desarrollado de manera previsible en cuanto a temas como el aborto, terrorismo o educación y ha pasado de puntillas por otras cuestiones más escabrosas, como los escándalos de Madrid y el asunto de Trillo. Como anécdota ha sido un placer ver como Rajoy tragaba saliva al responder la pregunta de un inmigrante ilegal.
Ahora vamos a lo que aporta en esta legislatura. Si en lo mediático el gallego ha aprendido de Zapatero, en lo económico no ha dado la talla. El señor de los hilillos ha comenzado repasando el supuesto éxito del PP durante la anterior crisis, como elemento de legitimidad. La trampa era previsible. La búsqueda de credibilidad como gestor económico ha sido una constante en el PP desde el origen de la crisis. Las medidas propuestas por el PP empiezan por la rebaja en el impuesto de sociedades, la revisión de los tramos de los módulos con los que los autónomos pagan sus impuestos, la aceleración de los pagos de la administración a las pequeñas empresas y la inyección de 5.000 millones de Euros para créditos empresariales gestionados por el ICO.
Estoy de acuerdo con las dos últimas medidas y parcialmente con la segunda. La primera es discutible y generalizarla sería un error. Sea como fuere, el PP ha perdido una buena oportunidad para reventarnos los oídos con sus proyectos económicos. El ciudadano necesita confianza, pero si algo es imprescindible en estos momentos es la ilusión. Rajoy no ha ilusionado, porque no ha aportado soluciones de calado a la hora de abordar la crisis. El gallego ha evitado hablar del abaratamiento del despido, aunque algunos estamos convencidos de que el motivo no es que no tenga intenciones de hacerlo. El resumen de lo visto es sencillo. El PP está aprendiendo a manejar los medios y solo con eso y con esto otro va a poner en un brete al gobierno. Lo de solucionar la crisis es otra historia. En eso, acierto arriba o abajo, Rajoy no aporta nada que no tengamos.
31 mar
Es más o menos lo que ha sido este mes para el gobierno. Marzo empezó con la pérdida de Galicia para el PSOE y con una opción envenenada de llegar a Lehendakaritza. Lo peor de las autonómicas no han sido los resultados, sino constatar que los escándalos de corrupción de Madrid y Valencia no han hundido al PP.
Inmediatamente después de las elecciones, la cifra de paro de Febrero nos ha golpeado con una dureza tan predecible como dañina. Los datos de desempleo son como la muerte, todos sabemos que llegarán, pero a nadie le gusta que lleguen.
En Marzo, el gobierno parece haber perdido su buena estrella política. Las elecciones vascas han traído consigo la inestabilidad parlamentaria y nuevos quebraderos de cabeza para el ejecutivo. Olvidado el feeling con el PNV, Zapatero debe recuperar sus relaciones con CIU, o encontrar alianzas a su izquierda. La otra posibilidad, la de buscar acuerdos con Rajoy; además de ser contraproducente para el país en estos momentos, se me antoja complicada con un PP que empieza a creerse que puede y que incluso valora una moción de censura como forma de recuperar la iniciativa política.
El derrape de Carme Chacón, el primer dato interanual deflacionista y sobre todo, la intervención de la Caja de Castilla la Mancha no han ayudado a clarificar el panorama. Lo último que le interesaba al gobierno en estos momentos es un escándalo financiero y eso es lo que supone la intervención de una caja. La guinda de Marzo la pondrá el inicio de Abril con sus nuevos datos de desempleo y la constatación de que la vida sigue siendo complicada.
A Zapatero le quedan dos meses por delante para esquivar las balas populares y llegar con alguna posibilidad a las europeas. Las próximas citas internacionales van a ayudarle, pero en el ámbito nacional hay demasiados debates abiertos como para que sea suficiente. Estamos en un momento clave en el que el gobierno tiene que tomar las riendas con fuerza o ya no volverá a controlar el carro. Aún le quedan bazas para hacerlo. La más directa sigue siendo la de coger el toro por los cuernos en materia económica; porque cuando desde lo político te empieza a costar ganar tiempo, el tiempo termina por agotarse.