23 mar
En la política pasa como en el mus. A veces hay que farolear en función de las piedras que te faltan para hacer 40. El PNV ha decidido ajustarle las tuercas al gobierno y dejarle bien claro a su electorado que es Patxi López el que no acepta un acuerdo de estabilidad en el país vasco. Los Jeltzales llevan unas semanas armando ruido a la espera de que llegue el séptimo de caballería. Resulta curioso que tras acusar a López de subordinarse a Zapatero, sea la decisión del portugalujo la que impide a Ibarretxe recibir un balón de oxígeno desde Moncloa. Con unos vascos dispuestos a negociar a su manera y unos catalanes que ejercen de vascos empecinados, el laberinto de las autonómicas amenaza con bloquear al propio gobierno central. Se confirma el más complicado de los escenarios que apuntábamos en Noviembre, pero ¿De verdad es real?.
Dudo que la coyuntura nacional termine dependiendo de los apoyos del PNV. La naturaleza de unos y otros es la que es y Zapatero terminará consiguiendo los apoyos necesarios, es cuestión de negociar el precio. El problema para el gobierno es que empiezan a multiplicársele los frentes de conflicto. Con una crisis galopante y unos datos de paro que tienen la mala costumbre de ser mensuales, el ejecutivo no puede permitirse el lujo de ir a remolque en el plano político. Algo así es lo que les comentaba De la Vega a sus colaboradores económicos la semana pasada. El mundo está cambiando y el inmovilismo en un gobierno es la forma más sencilla de terminar fuera de él. La realidad se impone y nos explica que cuando la economía falla, tarde o temprano la política se envenena. Zapatero tiene que tomar nota e iniciar debates serios sobre los auténticos problemas del país. La única posibilidad de conservar su propio gobierno sale de ahí, por muy traumático que pueda parecer. En los próximos posts iremos hablando de algunos de esos problemas.
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