Ayer estuve con Surco tomando un café. Lo más deprimente de la conversación no fue que las clases dirigentes cada vez mangoneen más a los curritos, ni la crisis, ni nada de eso.
Lo más deprimente fue la constatación del hecho de que las personas a priori más talentosas del instituto, en su mayoría, no están destacando en su vida profesional. Por el contrario, otros que eran unas medianías de primera fila, están muy bien posicionados. Analizando los perfiles de diversos sujetos Surco llegó  a la conclusión de que a los primeros les faltaba una habilidad que es indisociable (a no ser en las profesiones liberales) del éxito laboral: chupar polla. Surco mantenía que en un país como España lo primero que debes tener para triunfar es semejante habilidad a un buen nivel. Y como segunda habilidad, poner el culo, sin mohínes. Desgraciadamente, yo he trabajado bastante en otros países y he descubierto que si bien chuparla y ponerlo en España es capital, en el resto del mundo sigue siendo una habilidad  de la más alta importancia.
Incluso David Ogilvy, el famoso publicista de Madison Avenue, en uno de sus libros advertía contra semejantes elementos explicando que son aborrecibles. El problema de los chupapollas es que es una enfermedad que se retroalimenta: si eres un mediocre de primera que ha llegado a la cumbre a base de chuparla, procurarás que todos los que estén por debajo de ti, también lo sean, porque el talento te puede arruinar el puesto. Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la estupidez, mal traducido al castellano como Elogio de la locura, pone bien de manifiesto el hecho de los retardados y malnacidos que nos comandan. Scott Adams en su Principio de Dilbert también lo expone. Carl Sagan, Einstein, Asimov, Stephen Hawkings… todos ellos nos advierten del defecto del sistema. Pero nadie lo arregla. ¿Alguien se imagina contradiciendo al más incompetente de los jefes en el consejo de dirección? Se imagina en la calle, entonces.
Los tipos que trepan nunca lleva la contraria al big boss, le pasan la manita, chupan polla y ponen culo. Los ejemplos de la política española no tienen parangón, que esos mismos políticos, sin puñetera idea de empresa, pasen directamente a puestos directivos en grandes corporaciones apoyan la teoría (véase Imaz o Zaplana).
El problema que tenemos es que si sólo se levanta uno contra semejante virus, pilla un sidazo que lo mata. Y la mayoría de la gente, simplemente, no puede admitir que alguien sea más capaz que ellos. Por eso vemos en el idiota del dirigente un ejemplo a seguir, porque lo que es chuparla, puede casi todo el mundo.