20 ene
Desgraciadamente la edad no suele hacernos más sabios, sino mucho más perros. Llegar a los 36 y acercarte a los cuarenta hace que te des cuenta de que el ser humano funciona como la economía; casi todas las crisis las provoca el miedo a crecer.
El domingo pasado El Mundo sacó en portada la foto de Soraya Sáenz de Santamaría en esa actitud que ragocija el ojillo de algunos y afila la lengua de otros. No era mi intención comentar las fotos de la portavoz del PP, porque al contrario que a Pedro Jota, cierto espíritu solidario me hace recordar que tengo muchas imágenes que se comentan solas.
A mi, personalmente, que Carme Chacón abra el camino de la moda en las fuerzas armadas, o que Soraya nos enseñe las cachabas mientras pone carita de dulce pájaro de juventud no me parece ni bien, ni mal. Sencillamente es intrascendente. Las fotos de ambas aportan a la lucha contra la corrupción en Madrid o a la situación social del país, lo mismo que las previsiones económicas de Solbes o “las soluciones a la crisis del PP” a nuestra tranquilidad; nada. Aún no sabemos quien es el sabio, aunque seguro que Soraya ha aprendido un poco desde la semana pasada. Ni la popular, ni su jefe me caen bien, pero no me gusta que se usen determinadas artimañas para aprovecharse de la candidez de la gente. El resto es conocido. En este cuento no hay buenos y es evidente el nombre del perro. Ahora solo hace falta saber a quien le lame la mano. ¿ A alguien se le ocurre algo?
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