España sigue siendo un país de toreros, cachulis y tonadilleras. Como dijo Nacho Vidal, “en este país la cosa siempre es más gorda” y el hecho diferencial de ser español consiste en asistir alucinado al espectáculo de despropósitos con el que abren los telediarios.

 

Esta semana nos toca la amenaza de huelga de los jueces. No entro a valorar si son justas o no sus reivindicaciones y si el cachondeo en el que se ha convertido la justicia, parte de la escasez de medios o del carácter juerguista del juez Tirado. Durante estos días el ciudadano puede elegir entre ver  como sus señorías amenazan con tomar las calles, o cambiar de cadena y jalear a los pilotos del SEPLA mientras montan tres barricadas en cada puente aéreo. ¿Qué opinarán los obispos de todo esto?

 

Lo cierto es que mientras sindicatos y politiquillos se dan el pico en cada reunión, el silencio sigue siendo la única salida de los tres millones de parados que tienen que soportar a unos y a otros. Es lo de siempre, en esta España post- franquista y caciquil, donde el deseo de todo gualtrapa es el de unirse a otro gualtrapa para diferenciarse de un tercero; solo los privilegiados se mueven para defender “sus derechos”. Ahora nos queda por ver una huelga de políticos y sindicatos reclamándole al ciudadano mayor candidez. No hay que desesperar, es solo cuestión de tiempo.