Los mariscadores gallegos se quejan de que los precios de esos productos de “ primera necesidad” que hacen de las navidades una delicia van cuesta abajo y sin frenos. Ya no veremos las angulas a 1200 Euros, ni los percebes por encima de los 300. El fin de la orgía alcista amenaza con devolver al país a la realidad y la realidad es que en  Diciembre hace frío y es mejor comprar castañas que cambiar de coche.

 

Mientras el precio de la vivienda sigue cayendo día a día, el gobierno nos recuerda que es mejor dejar de ser rojo para ponerse morado con los posibles chollos que podemos adquirir en el mercado. Nada más lejos de la realidad. La burbuja inmobiliaria y la restricción de los créditos han afectado al consumo a una velocidad de vértigo. Las causas son sencillas de entender y van más allá del crecimiento del paro y de la sensación de pobreza y amenaza que últimamente tiene el ciudadano español. Durante los últimos años, el crecimiento del consumo en España ha estado basado en la enorme cantidad de liquidez que los bancos han inyectado a la sociedad, admitiendo las viviendas como aval. Los coches, los percebes, las angulas y las vacaciones en el caribe salían de lo que el banco te daba para comprarte el piso y de la revalorización instantánea del mismo que te permitía volver a hipotecarlo. Para mayor delito, la ecuación se ha agravado con unos tipos  bajos, amparados por el falseamiento de una inflación oficial que no se cree nadie y que ha ido robándonos poder adquisitivo real desde la entrada del Euro.

 

Con todos estos elementos en juego, la economía está sufriendo un ajuste directamente proporcional a las irresponsabilidades cometidas. No volveremos a ver angulas a más de 1000 Euros/kilo, ni pisos a 6000 Euros el m2 en algunos años, sencillamente porque no los valen. Ahora es el mercado el que debe decir basta y fijar el suelo lógico de esta caída. Como todos los movimientos en economía, la contracción tendrá un porcentaje de irracionalidad penalizadora que aún no hemos alcanzado y los precios terminarán por caer más allá de los márgenes lógicos de las empresas. El que tenga dinero podrá adquirir chollos, sí, pero no ahora, sino dentro de un par de años, cuando los intentos desesperados de los gobiernos terminen por reactivar la economía. El problema es que las medidas extremas siempre terminan por devolvernos a las situaciones anómalas y puede que tras un periodo de reactivación,  vivamos momentos inflacionistas muy altos. Eso quizá se produzca en 3 o 4 años, en ese momento puede que volvamos a pagar cantidades absurdas por productos innecesarios e incluso por alguno necesario.    

 

 

Hasta el próximo año.