Hoy toca Madrid

Cuando te largas  de casa con 14 años ni las estrellas te guiñan el ojo, ni la suavidad de los frufrús son ideales. Cuando sobas en la playa o consigues algo de pasta currando aquí y allá o recogiendo botellas para cambiarlas por 4 duros en los supermercados, la literatura no parece simbolista; aunque huela a calle.  Madrid tiene ese punto de salida impulsiva con el que aterricé 2 años después a  lo “Paco Lobatón” tras irme por cuarta y última vez, al menos de esa manera. Sin acritud ni reproches. Demasiado maduro para ser un niño y con mucho fuego para ser pausado.

 

20 años después de esa Malasaña  Ochentera de bares, curro duro e insti nocturno en el Lope de Vega, tal día como hoy – si la nieve me lo permite – me vuelvo a ir “ definitivamente” de Madrid. Si la primera vez la ciudad fue un fin en sí y en parte un viaje iniciático;  puede que esta tercera haya sido la escala hacia la madurez. – esperemos que no-.

 

Curioso, siempre he sabido que terminaré yéndome y viniendo de aquí sin un objetivo determinado, porque Madrid es una excelente ciudad para ello, casi siempre desaprovechada. Puede que fuese aquí, entre todas las contradicciones de una ciudad con pretensiones europeas y de magalópolis, donde terminé entendiendo que lo importante en mi vida es el camino. Algún día tengo que pensar en eso.