9 dic
El último disparo de ETA marca el pistoletazo de salida para la campaña electoral vasca. No lo digo yo, lo dicen los archivos. 50 años y más de 1000 muertos después de la fundación de la banda terrorista, ETA sigue siendo un elemento clave en la política de Euskadi y lo es porque el conglomerado político autonómico y nacional así lo quiere, lo permite y lo utiliza.
Por primera vez en 30 años existe la posibilidad de un cambio de gobierno en Lehendakaritza y las diferentes formaciones irán perfilando sus estrategias. Guste o no, la relación de las diferentes fuerzas con el mundo abertzale va a condicionar el resultado, casi tanto como las interrelaciones entre los partidos legales. Yendo por partes. El PP no se juega grandes cosas en estas elecciones. Su objetivo va a ir encaminado a mantener su cuota electoral y a evitar en lo posible que el impacto de un hipotético trasvase del voto españolista hacia el PSOE, sea significativo. El juego empieza para los populares justo después de las elecciones y dependerá del resultado de las mismas y de la actitud del PSOE. En el improbable caso de que los socialistas decidan reeditar un frente común con los populares, tendrán la opción de influir en el gobierno vasco. De no ser así, de acercarse el PSOE a los nacionalistas, su política se basará en rentabilizar en el resto de España la negativa de Patxi López .
El PSOE por su parte tiene que moverse entre dos aguas. Siempre ha sido un elemento natural de enlace entre el nacionalismo y el españolismo más carpetovetónico y su apuesta va a seguir en esa línea. Tras el fiasco del 2001 los socialistas saben que la mejor forma de cocinar el marisco es en agua tibia, sin frentismos y con mucha vaselina, porque lo último que les interesa es movilizar el voto nacionalista en su contra.
Mañana seguimos con el resto de partidos. El juego de las elecciones vascas y sus consecuencias en la política nacional van a ser un condimento especial en la actual coyuntura de crisis. El objetivo del PSOE de conseguir lehendakaritza y su posible paso por una alianza con el PNV puede contrastar con el precio a pagar en Madrid. Por primera vez en España los dos partidos mejor preparados a nivel de estrategia política se enfrentan con posibilidades de que ambos lleguen al poder. Desde el punto de vista socialista, la ecuación pasa por una posible alianza post- electoral PSE-PP, que permita un lehendakari no nacionalista o por un entendimiento PNV-PSOE. El problema de la primera opción es el desgaste que le supondría en Euskadi y el de la segunda, el que le supondría a nivel nacional, además de ser improbable que el PNV suelte alegremente lehendakaritza. Interesante.
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