Ayer fue el día contra el maltrato a la mujer. ¡Qué bonito! No es que no piense que el objetivo no sea loable. Simplemente, pienso que los medios son estúpidos. Todos esos anuncios de mujeres denunciando el maltrato. Lo mucho que se van a endurecer las penas a los maltratadores. La persecución implacable de la “violencia machista”, vaya expresión más idiota, oigan. Y es que el problema no es de hombres contra mujeres. Una vez más, el problema consiste en el más fuerte contra el más débil. En un malentendimiento estructural del propósito de la fuerza. Esa fuerza que debería servir para proteger, para ser más tolerante, para formar mejores personas.

Pero en esta sociedad, a todas sus escalas, la fuerza sirve para arrollar y para conseguir objetivos: los yankees van por ahí quitando el petróleo a países que no lo pueden defender. El banquero le quita el piso al obrero porque ahora no lo puede pagar. Y un bruto le quita la vida a la mujer a la que no ha sabido satisfacer y que no se puede defender. Es así de simple. No auguro, en estos tiempos que se avecinan de miseria económica, un gran éxito a esas campaña de mierda de los Gobiernos (porque aquí están de acuerdo todos, el autonómico, el nacional y el europeo). Resultaría más provechoso que se tomaran medidas en lo social; que una mujer separada o divorciada pudiera ser completamente independiente. Que el hombre divorciado de pocas posibilidades económicas, no se quedara en la puta calle y con el sueldo retenido para pagar colegios, casa (en la que ya no vive) y demás mandanga. Que, en definitiva, cuando una pareja se rompe no quedaran un montón de asuntos inacabados, pagarés imposibles y resquemores por ambas partes. Mi predicción es que los casos de asesinato “machista” se van a incrementar con la crisis, como todas las otras formas de violencia.

Me cago en los puñeteros anuncios que sí que implican tratar una cuestión primordial, como debería ser la educación y la política social, como si sólo fuera otro asunto más que maquillar. Eso sí que es un mal trato.