Hay que ver los revuelos que se organizan en España por un quítame esas pajas de ahí: la semana pasada unos cuantos jugadores de segunda división del País Vasco hacen unas polémicas declaraciones a la prensa y salen en todos los medios en primera plana. El asunto es que no quieren jugar si no se llaman “Euskal Herria” en vez de “Euskadi”. Hay que ser tonto de baba. Vale, ya sé que siendo futbolistas uno no puede esperar genios mentales, pero tampoco espera semejantes retardados. Igual esta pandilla de millonarios con escaso talento para el balompié (los resultados avalan mi teoría de que son unos cazurros dentro y fuera del campo), han pensado que si la montan en la esfera política nadie se dará cuenta de los sueldos que cobran para salir a perder y/o a jugar en segunda división. Pues no han engañado a nadie. Ahora parecen cojos y gilipollas.

El problema, chicos, es muy claro: Euskadi puede aglutinarse fácilmente pactando con un único estado: el español. Mientras que Euskal Herria, término que incluye a las tres provincias de Hegoalde, requiere de la colaboración de uno de los estados más centralistas del mundo: el francés. La verdad es que casi siempre que hay buen rollo con el estado español y la izquierda abertzale (o los que dan las órdenes a su cúpula) quieren montarla, se lían a hablar del estado francés y de que Euskadi son 7 provincias y ya está. Como si fuera cosa de España resolver los problemas internacionales que el nacionalismo vasco plantea. Si la izquierda abertzale quiere pactar con Francia, tiene que hacerlo directamente, pero en Francia no tienen ninguna fuerza real. No creo que en Francia esta noticia haya generado muchos titulares excepto, quizá, en el periódico de Bayona. Pero en España parece que hubiera hablado Obama, o peor aún, Maradona.
Lo mejor del caso es que los futbolistas vascos que están jugando al mejor nivel no han firmado el escrito (a los del Athletic no les meto en esta categoría aunque, por ahora, estén en 1ª) . Debe ser que Goethe tenía razón al decir “El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien la siente la ausencia de cualidades individuales de las que pudiera enorgullecerse”.