29 oct
La vanidad suele ser a los políticos, como la mala leche a los buenos toreros; más insustancial que consustancial. La reunión del 15 de noviembre nos recuerda la gran relevancia de que nuestros dirigentes se pongan a jugar al Risk, para arreglar los desaguisados de unos banqueros hartos de jugar al Palé. Entre tantos grupos y subgrupos, lo cierto es que ni Zapatero, ni en su día Aznar supieron llegar al punto G de la política internacional en ninguno de sus 20 formatos. España se queda fuera de esa reunión surrealista para hacerle el boca a boca a un capitalismo que boquea y todos los periódicos del país resaltan la importancia del hecho.
Por alguna razón, los ciudadanos tendemos a confundir la afrenta nacional con el despecho de Bush al Ego de nuestro presidente, considerando que la no-asistencia a la cumbre nos condena a otros 100 años de soledad. No es el caso. La única consecuencia de todo esto es que Zapatero no saldrá en los libros de Historia y que su figura no se estudiará junto con la de Sarkozy. ¿Es eso un insulto?. No, pero en una cumbre donde el único objetivo es el marketing, nunca es una buena publicidad que te dejen fuera, sobre todo para tu mercado interno.
Ni la ausencia, ni la presencia de España en Washington va a cambiar en nada el resultado de la reunión y lo poco que se decida allí va a ser lo mismo que se hubiera decidido de asistir el presidente. En un mundo donde existen los teléfonos, el ejecutivo debería centrarse en el día a día de los españoles y dejar de obsesionarse por los juegos de salón. Hay una larga tarea por delante y la impresión que tengo es la de que en mi barrio nadie termina de hacerse las preguntas adecuadas. Si es una cuestión de orgullo patrio, la solución es relativamente sencilla. Digámoslo alto y claro. ¡Es España la que boicotea la cumbre internacional para solucionar la economía mundial!. ¿Ya?. ¿Más tranquilos?. Ahora señores políticos, dejen de perder el culo y hagan su trabajo.
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