Quizá mañana tengamos un rebote en la bolsa española, pero para rebote olímpico el que tienen los inversores últimamente. La posible nacionalización de los planes de pensiones privados argentinos recuerda sospechosamente a otros tiempos y muchas de las grandes empresas españolas tienen demasiados huevos puestos de la misma cesta. Argentina y su amenaza es el segundo tajo en el melón del miedo celtíbero. La clase media española no es como la yanqui y afortunadamente no está tan implicada directa o indirectamente en bolsa, pero la realidad es que en la última década, cada vez más ahorradores han invertido en el parquet a través de fondos de inversión.

 

Fuera del impacto que esté teniendo la bajada bursátil de estos días en la economía real y en la percepción de riqueza del ciudadano medio, lo realmente importante es hasta donde llegará la crisis argentina y si es solo la punta del iceberg de lo que puede pasar en Latinoamérica. No es asunto baladí, porque la mayor parte de la expansión española de estas últimas décadas se ha realizado en el subcontinente y no solo por las grandes empresas, sino también por las pymes. Sea por idioma o por relaciones, la empresa española ha saltado el charco con mayor énfasis que la de otros países y actualmente somos el segundo mayor inversor en Latinoamérica, que es a su vez nuestro principal destino de inversión.

 

Con un EEUU en crisis desde hace más de un año, es lógico que el subcontinente americano se resienta y que tarde o temprano incida en nuestro día a día. ¿Amenazaría una posible crisis la situación global de bancos y grandes empresas españolas?. Por si sola, posiblemente no, las implicaciones de las empresas españolas siendo importantes, no son decisivas en sus balances; pero empezaría a llover sobre mojado y en estos momentos cualquier noticia negativa se une a la sensación de alarma general.

 

Nota: Cada vez que viene otro Jueves negro tras un Miércoles negro me sigo acordando de Plinio el Viejo; Quien, como sabéis, murió mientras estudiaba alucinado la erupción del Vesubio. En fin, perdón por la pedantería, pero el estallido de esta crisis no deja de ser un espectáculo de primer orden.