Me vale que los antitaurinos les destrocen los tímpanos a los toreros por haber cuajado faena y cortado oreja y rabo. Me parece importante que los verdes paralicen autopistas hacia el cielo por joderles la vida a las avispas cojoneras del kilimanjaro. Doy una importancia supina a que los gays reivindiquen el derecho a vestirse de blanco, emulando al hombre de Colón; aquel que nos cambiaba el tambor de detergente por 10 talegos de la época a la salida del supermercado. Me parece del copón de la baraja que feministas, funambulistas y mujeres electricistas reivindiquen la decisión antes del parto, dibujando triángulos con ambas manos. Todo eso me vale; me vale mucho, pero el resto me vale madres.

 

Me vale madres esa izquierda queda bién y pizpireta que da lecciones de vida a todo el que no encaja en la intelectualidad al uso. Me vale madres esos sindicatos vendidos que se callan ante las últimas decisiones del gobierno pensando que estrecha es Castilla y anchas sus necesidades. Me vale madres esos partidos obsesionados por solucionar sus miserias internas que dejan pasar su oportunidad de ser útiles a la sociedad.

 

 El otro día EEUU, esa cuna del liberalismo económico mundial aprobó una serie de medidas para ayudar a los bancos. Hoy,  el debate se centra en Quien y Cómo se controlará el dinero del rescate y aún así se han visto protestas frente al Coliseo. En España, en esa España quedabién y pizpireta donde gobierna una derecha a la “izquierda” de los sindicatos, NADA.

 

Hasta el  Reino Unido, ese decano añejo del liberalismo mundial decide nacionalizar una parte de la banca e imponer condiciones  para su rescate. En España, en esa España donde vive una izquierda acomplejada y temerosa de perder su status y otra que agoniza confundida; NADA. En esa España en la que tener las ideas claras ha sido durante mucho tiempo síntoma de no ser de izquierdas, en la que el relativismo ético es ley para esconder la incapacidad de clasificar prioridades, en la que tener la menor intuición de la línea a seguir, se confunde con ser un retrógrado o un talibán del pensamiento, en la que todo tonto es orgulloso; En esa España mediocre y de una izquierda irreal y trasnochada; NADA.

 

Y eso es lo más triste de todo; después de que un vicepresidente nos tome el pelo con sus declaraciones, de que la derecha llegue al poder, de que una izquierda tan bienintencionada como insolvente se desintegre a fuerza de mirarse al ombligo; es eso lo que nos va a quedar. Nada.