Ojo al cristo que es de plata. Este es el típico post aburrido, pero necesario para enterarse de la fiesta y de como interactúan los conceptos clave en el análisis político, económico y social . Por simplificar. Siempre he sostenido que Economía, Estado y Nación son entes diferentes que interactúan, tienen cada uno sus propias normas de juego y llevan de la mano una serie de características e indicadores sociales paralelos. Esto no es novedoso, aunque no se muy bien porqué, unos siguen empeñándose en hablar de estructuras y superestructuras y otros, inciden en la multicausalidad de factores sin darles rango y sin jerarquizarlos. Resultado: Todo vale, todo es multicausal, todas las causas influyen, me quedo ahí, no profundizo y al final no me entero de que va la misa en los análisis, con lo cual no decido y no interactúo.

 

Esta última forma de no enterarse ha estado muy de moda durante el fin del SXX y principios del XXI y ha contribuido muchiiiiisimo a una visión del mundo izquierdista-neoconservadora, donde el bombardeo informativo y el relativismo le dan la misma influencia en los análisis socio-políticos a la oruga cheposa de Ayacucho que a la situación de un currela cabreado, lleve mono o corbata.

 

Bueno por hacerlo breve, a partir del SXIX, a estos tres caballeros no les queda más remedio que convivir por necesidades del guión. Digamos que el Capitalismo utiliza a una nación recién creada, para hacerse con las estructuras del Estado.¿Cómo queda la ecuación?

 

Nación ( o sea, nosotros): El poder emana de ella, pero solo es importante en la vida pública en dos supuestos; cuando va a votar y cuando está descontenta y se cabrea muuuucho. En general es ( somos) bastante borregos, pero cuando nos cabreámos presentamos dos características. A) Nos expresamos agitadamente B) nunca se sabe por donde va a salir la bala. Básicamente, la nación quiere que la dejen en paz y vivir bien y tranquila. Debería controlar al Estado, que a su vez debería gestionar el capital en beneficio nacional, pero nanai del peluquín. Está muy ocupada viviendo el día a día.

 

Estado: Es el gran perdedor de las revoluciones burguesas. Hasta el SXVIII todo era estado, este solo tenía que preocuparse de que los súbditos ( aún no había nación) comiesen un poco y de cobrarles la pasta. ¿A que dedicaba el tiempo libre?. A sus trapicheos con otros Estados. Su pecado es la paranoia y su naturaleza expansiva-manipuladora ( aunque parezca mentira). Con el nuevo orden es el encargado de mantener el equilibrio en el Statu Quo entre su propia naturaleza, la de la nación y la del capital. Su principal arma en situaciones normales es la del control de la nación, (aunque en teoría debería estar al servicio de esta).

 

Capital: Los triunfadores en las revoluciones burguesas, aunque ceden algo de terreno en la segunda mitad del siglo XIX, en beneficio de una parte de la nación. Su naturaleza es muy expansiva y su pecado la avaricia. Necesita al Estado para tranquilizar a la Nación y a su vez necesita que la Nación sea productiva y consuma. Es miedoso.

 

¿Qué ha estado pasando?. Sencillamente que la naturaleza del capital es más expansiva y en un momento dado, una parte ha dejado atrás nación y Estado y se ha dedicado a internacionalizarse. ¿ A que precio?. Al de erosionar los dos conceptos anteriores, rompiendo el equilibrio y generando tensiones sociales y políticas ( globalización). Pero hete aquí que el capital es avaricioso y su propia avaricia, la dejadez de control por parte del Estado y la ignorancia de la nación han provocado una crisis que se caga la culebra parda.

 

¿Qué pasa ahora?. Que los Estados aprovechan la debilidad liberal para intentar controlar el flujo de capitales internacionales que se les habían desmadrado, sencillamente porque hasta ahora tenían menos fuerza que el vil metal. ¿En beneficio de la nación?, Si y no. En el de la nación y en el suyo propio, no hay que olvidar que su naturaleza también es expansiva y manipuladora. En ese sentido hemos visto como todos los estados se han apresurado a pedir un nuevo orden internacional mucho más controlado – con Sarkozy a la cabeza, que tiene bemoles -.Pero ¿ Más controlado por las naciones?, No, por los Estados, aunque se supone que lo hacen en nombre de las naciones. ( tenemos una sección que lo matiza bastante y que acierta de vez en cuando). ¿Lioso eh?. Venga, échate un piti y seguimos…..¿Ya?

 

¿Qué pasará?. No tenemos ni idea, la crisis aún no está jodiendo  la nación ( a nosotros) en los niveles en los que lo hará. Y como sabemos, en la naturaleza de la nación está cabrearse tanto con Estado, como con Capital, como con todo bicho viviente que pase por allí en un momento dado. Vamos, que la primera consecuencia de todo esto es un avance del Estado sobre el capital - no solo para ayudarle, también para controlarlo -, pero que aún no sabemos si la reacción nacional – que la habrá – mandará todo al carajo y romperá la baraja, o al menos cambiará las normas del juego. Cuando esto pasa, lo único que queda claro, es que las consecuencias no son predecibles.

 

Pues eso. …. Colorín, colorado, este cuento aún no ha acabado. La reflexión es un poco simplista, pero no está mal y como toda buena reflexión, no se la leerá ni Dios, no hay que olvidar que en la naturaleza de la nación está el vivir tranquila y sin demasiados esfuerzos de pensamiento; por mucho que se empeñe el imbécil que suscribe. Continuará.

 

Nota: Si habéis llegado aquí, yo me lo leería otra vez y ya metidos en gastos, le echaría un ojo a los comentarios.