17 oct
Hará aproximadamente un año, un amigo mío cambió de operador de telefonía (para su empresa) a Orange. Por aquel entonces yo acababa de dejar, asqueado, el sector y mi colega me pidió consejo para que le echara un vistazo a las condiciones que le habían prometido los comerciales de las distintas operadoras. Las de Orange eran maravillosas. Tan maravillosas que me parecían un poco increíbles. Pero como en este país de desgarramantas las telcos hacen un Agosto como en muy pocos, pensé que quizás alguien trataba de ofertar algo realmente competitivo y para conseguir un beneficio justo, así que le indiqué que las condiciones me resultaban difíciles de creer pero no le dije que no contratara con Orange. Craso error.
Al de un par de meses Orange se había meado en toda posible condición de su propio contrato. Tenían a mi amigo aún sin internet, le estaban cobrando un dineral de más por sus llamadas de móvil y algunas cosas más. A mi amigo le jode que le tomen el pelo, estaba aún más jodido porque Orange le había metido en la famosa lista de morosos a causa de que él había dejado de pagar por unos servicios que no estaba recibiendo. Así que ni corto ni perezoso devolvió los terminales que le habían dado, cambió de operador de telefonía y demandó a Orange por 750 euros por daños y perjuicios.
El juez acaba de dictaminar que mi amigo tiene razón y que Orange le debe dinero. Pero en Orange le han dicho que ya puede ir esperando. Porque aparte de ser unos mentirosos, son unos mentirosos muy ricos y van a tener el caso en los tribunales hasta que las ranas canten por seguidillas, que para eso tienen un departamento legal que será, posiblemente, tan grande como el técnico. Lo que me deja patidifuso es ver cómo incluso cuando los pequeños nos revolvemos con un par de cojones y la ley (cosa rara) nos da la razón, las grandes empresas se pueden reír de nosotros a placer.
One Response for "Con la boca abierta."
[...] fin, leed la entrada en Mileurismo y sacad vuestras propias [...]
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