3 oct
La chapa de hoy va de cuando la izquierda empezo a patinar, cosa que a mi modesto entender y en las europas occidentales, se debe sobre todo a dos motivos, entre cienes de otros: uno, cuando se lía con el concepto de la justicia social ante nuevas reivindicaciones, perdiendo la memoria de lo que le dio origen. La otra va de la mano del cambio de mentalidades en la sociedad. Por hacer la chapa digerible, iremos por partes, igualito-igualito que Jack el destripador y así en este post se trata solo y parcialmente de esa primer motivo.
Dentro de la enorme indefinición incluida en el campo semántico del denominarse “de izquierdas” (o de derechas, pero hablamos de los primeros) hay un concepto común: la palabra “justicia” es la que aglomera todo ello. Alguien que se siente de izquierdas se verá a si mismo de alguna manera como alguien que reivindica la cristalización de los derechos de algún colectivo (y en las visiones mas idiotas, alguien que se crée, junto a sus compañeros de reivindicacion, como el representante puro de lo justo).Eso está bien, pero habría que aclararse en respecto a qué debe situarse esta justicia.
En nuestros paraisos occidentales de reciente creación, la izquierda, sobre todo la socialista; empezó a hacer slalom a partir del momento en el que surge lo que desde hace poco ha dado en llamarse “economia social de mercado”. A partir del momento en el que capital y sociedad se cansaron de pelearse y se dieron cuenta de que era mas interesante entenderse, empezaron los problemas de identidad para la izquierda.
Esta nació en un contexto en el que la fuente principal de la injusticia estaba clara: enormes distancias sociales en países industrializados, con conglomerados de obreros que hacían como que cobraban mientras pasaban sus vidas trabajando para el goce de unos pocos elegidos. Identificarse es fácil: se créan las clases, casi sin querer; la injusticia mas evidente y acuciante es la de base económica. Y surge la figura sobre todo de un tipo, Marx, que explica muy bien la razón de todo esto: basicamente la apropiación privada de los recursos y de los medios para crearlos en manos de unos pocos, los temibles burgueses. Independientemente de las soluciones que propone y de las derivas políticas, lo que a mi me parece interesante de la figura de este señor es que da las claves a la sociedad (que semus todos) de identificar la causa de su problema, de calificarlo como injusto, y de mostrar cuales son algunas de las claves para combatirlo. Básicamente, estas han pasado en sus multiples interpretaciones politico-programatico-ideologico-partidistas (toma ya!) por dos elementos claves:
-Una democratización del poder (de todos modos imposible en sociedades tan grandes que solo pueden funcionar a través de las democracias representativas)
-Una mejor distribución de las riqueza y una mayor atención a sus modos de creación (este ultimo punto solo válido para las sociedades que ya eran ricas, por supuesto)
El problema viene cuando, en nuestros estados europeos occidentales, la sociedad se aburguesa ( y lo que quiero decir es simplemente que ya no necesita en la mayor parte de los casos preocuparse por si va a comer, si puede pagar al médico o de cuantos caben en una habitación). Esto no es un problema en sí: esto es fantástico y estupendo y, personalmente, no tengo la mas mínima intención de renunciar a que este “aburguesamiento” se mantanga. Pero el problema es otro: es el de cual es la identidad de la izquierda, sobre todo de esa de vertiente socialista, que llega a un punto en el que parece haber obtenido lo que legitimamente pretendia. Ya la injusticia no es tanta. El problema está en que ese es el término global que puede articular el ideario que de sí misma tiene la izquierda y esta en la base de su protoidentidad, incrustada en la parte mas reptiliana de su cerebro, la instintiva.
Llega para ella el momento de hacerse mas ambiciosa y de responder a otras injusticias, denunciadas por otras voces que van tomando fuerza, que coexistian con ella, pero que se oían menos porque no parecian prioritarias o porque todavía no era su momento. Pero eso ya es otro post.