A mi personalmente me da igual que la infanta Elena y Marichalar hagan la fotosíntesis o respiren por la nariz; lo que me molesta  es plancharles con mis impuestos la raya de sus pantalones. La proliferación de los gastos de la familia real va al mismo ritmo que el incremento de sus miembros y quizá tras el divorcio de los Duques de Lugo tengamos que buscarle nuevo marido a la duquesa. ¿Emularemos a Pepe Isbert buscando desesperadamente a Chencho?.

 

Con una crisis como la que tenemos a la puerta de casa, sus majestades y descendientes  no deberían exhibirse tanto, porque puede que el españolito medio les de con la puerta en las narices o termine pasándose la monarquía por el arco del triunfo. Lo bueno de destapar secretos de alcoba es que terminas enterándote de las finanzas ajenas y preguntándote porqué alguien como el duque cobra lo que cobra por ser consejero. Nada nuevo bajo el cielo, las empresas de hoy se parecen a los cortesanos de ayer como la miel a las lisonjas, aunque hayan cambiado las tornas y la relación se vulgarice mediante contrato y coche de empresa. No hay delito. Cambiar un mercedes por varias mercedes no va más allá de lo redundante.