El PP nos dice que el gobierno trata de echar cortinas de humo sobre la realidad. Según los conservadores, los socialistas intentan abortar cualquier debate sobre la crisis, con temas como la memoria histórica o la propia ley del aborto. Sin quitarles parte de razón, lo cierto es que sería interesante escuchar las propuestas que tienen los populares para sacarnos del apuro, pero no a grandes rasgos, sino a pinceladas y esmerándose en explicarnos los pequeños detalles. El problema de la oposición es que necesita hablar constantemente de medicina y esconder a la vez que su remedio es más impopular que nuestra enfermedad. Toda una paradoja.

 

El PSOE debería aprovecharse de ello en la medida de lo posible: Lo cierto es que si el PP consigue desgastar a Zapatero, los socialistas van a pasarse una temporada muy larga fuera de Moncloa.  Mientras dure la crisis no solo quedarán deslegitimados como alternativa de gobierno, también estarán tocados a la hora de hacer oposición. Desde esta perspectiva al ejecutivo le interesa robarle todos los titulares que pueda a la crisis, pero tiene que fajarse en este tema porque a la hora de votar, la situación económica va a convertirse en la única pregunta de examen. Zapatero tendrá  en el Congreso una buena oportunidad para resolver momentáneamente la segunda paradoja.

 

El ministro Corbacho es el encargado de sonrojarnos y enseñarnos nuestras vergüenzas. La tercera paradoja nos muestra que cuanto peor vayan las cosas, más insolidarios nos volveremos. Es curioso ver como nos escondemos en nuestros miedos para terminar responsabilizando a los más desfavorecidos de la situación que ha creado una sociedad caprichosa con demasiados avaros y nuevos ricos. Su excelentísimo es un impresentable, pero es un reflejo de lo impresentable de nuestra hipocresía. Es Corbacho el responsable de la nueva política de inmigración del gobierno y sin embargo, somos nosotros como sociedad los que nos lo tenemos que hacer mirar.