La penúltima semana del mes de Agosto, Bilbao celebraba su Aste Nagusia o semana grande de fiesta y allí que nos fuimos. Esto de volver al nido tiene su punto simpático, evidentemente, puesto que te permite ver que hay ciertas cosas que siguen ahí, estables y constituyen puntos de apoyo para ofrecernos la posibilidad de hacer de la rutina ritual. Sin embargo, lo malo es que algunas de estas manifestaciones de perennidad resultan de vez en cuando un pelín desesperantes…

 

Para aquellos pocos osados que no conocen aún la Semana Grande bilbaina, será pertinente que explique un poco los elementos que le dan un toque de originalidad. El principal de ellos es el protagonismo que los movimientos sociales y ciertas agrupaciones políticas adquieren a través de las « txoznas ». Dicho palabro define a unas especie de barracas hechas de mecanotubos y plástico que se convierten en espacios de bebercio al aire libre y en fuente de ingresos para las diferentes agrupaciones a las que pertenecen estos bares – escenarios. Asi, movimientos feministas, colectivos altermundialistas, ecologistas, políticos, vecinales, etc . encuentran un modo de sacar financiación y de dar testimonio público de su existencia. Hasta hace unos años, estas txoznas, que se ubican sobre todo en la plaza del arenal, junto al Casco Viejo de la Muy Noble Villa, acaparaban la mayor parte del número de bebedores y los más de los menores de 200 años que se concentraban por allí pertenecían con mayor o menor grado de implicación a alguna de estas agrupaciones. Hoy en dia todo esto se ha difuminado un poco a nivel de participación, creo, pero sigue siendo un rasgo distintivo que a mi me resulta muy agradable.

PERO , OH PERO !, este año me he llevado una sensación agridulce al encontrarme con todo ello, porque dentro del aspecto reivindicativo que se respira y que no por eso empaña el caracter festivo, me he encontrado con cosas que me hacían pensar en el folklorismo que, en mi opinión (advierto) empaña un pelín la percepción que algunos podrían hacerse de tales expresiones.

Ya, para empezar, me encontré en uno de los escenarios que se montaban con la actuación de un grupo rock tirando a punk. Independientemente de que este tipo de música pueda gustarme o no (en su momento La polla records no me disgustaba) , lo que empezó a darme patadas en los güitos eran las letras. Por espacio de unos 20 minutos este grupo no hacia sino luchar contra la sociedad. Joder, que hastio ! llevo AÑOS oyendo a grupúsculos parecidusculos luchar contra las mismas cosas. En parte les admiro, porque me digo que hasta Sugar Ray Leonard deberia acojonarse con tal capacidad de combate (mas de 20 años luchando, oigan !!!). Sin embargo, mi admiración se difumina un pelín cuando caigo en la cuenta de que estas luchas en las que uno no sangra ni una gotita, no deben ser nada mas que puritita retórica. Igual hasta yo podria luchar en tales condiciones, a pesar de ser alérgico a los moratones… En fin, todo esto para decir que este término, lucha, queda, como el de « amor », completamente vacío de contenido cuando se repite una y otra vez y además no se asocia a otros términos, ni nada de todo eso, y « asín » mas de veinte años…

Esto, con ser molesto, no me pareció preocupante comparado con lo que me encontré después, puesto que si lo primero era retorica, lo otro era mayusculo despropósito… me voy con una amiga a tomarme un mojito a una txozna autodefinida como altermundialista. Me da el punto de hechar un vistazo a las botellas de licores que habia por allí y me encuentro con que « habíamos » lo siguiente : Rones : Bacardi, Pampero, etc ; refrescos : Coca Cola entre otros (además creo que su logo aparecía en los tiradores de calimocho, pero no estoy seguro) y así suma y sigue… NI UNA TRISTE MARCA DE COMERCIO JUSTO ! Esto me mosquea un pelín y hago saber de mi indignación a los dos postadolescentes de ambos sexos que tuvieron la desagradable misión de servirnos un trago y que me miraron con expresión entre fastidiada y alucinada.

Mas tarde cambiamos de sitio y nos encontramos con una txozna que pertenecia a una asociación que promociona el comercio justo y distribuye marcas de tal ámbito. Como en ese momento no había mucha gente, aprovecho para charlar con una italiana que curraba en la misma (y que esquivaba con una cintura pasmosa los tejos que le tiré) y le pregunto si no les habia dado por pensar en distribuir sus marcas a otras txoznas…. Pues no, no les había dado el coco para tanto, a no ser que lo hicieran pero la italiana no lo sabia.

 

Cuando uno se encuentra con todo esto, al final le da la amarga sensación de que, de verdad de la buena, en muchos casos , estas reivindicaciones, interesantes, justas y hasta productivas si se hacen como Dios manda se convierten en un folklore, al que nos adherimos por una socialización que hemos vivido pero sin mayor espíritu crítico ni apenas tentativas de aprender lo suficiente como para ser coherente. Para que determinadas propuestas sociales puedan tener calado en la sociedad, quizas habria que plantearse dos cosas : la primera, intentar no caer en los tópicos y en la retórica que pueden hacerlos « recibibles » por una gran parte de la ciudadanía-peatonía con el consabido « ya estan estos ». El objetivo de estos movimientos debe ser el de transformar la sociedad y deben existir para comunicar. Aunque ese objetivo sea pretencioso, al menos debe servir como la declaración de intenciones que oriente su acción. Y eso, desde mi punto de vista, se puede conseguir (entre otras cosas) con dos elementos : uno, huir de la retorica que suene a hueco y adecuar el mensaje, demostrar que se tiene algo interesante que decir y no hablar solamente a su audiencia (ojo, no digo que esto no se haga en muchos casos, pero en varias ocasiones los que estando fuera pudieran simpatizar son su mensaje no lo perciben asi). Otro : siendo coherente. Si no, toda reivindicación queda en folklore. Y no hay nada mas frustrante que tener algo que decir y que no te tomen en serio.