Obama se parece al vino que tiene Asunción. No hablo del color de su piel, sino de política. Sin negar la importancia del simbolismo que lleva consigo su posible elección, la realidad es que cualquier parecido entre lo aportado por Luther King o Malcolm X y el candidato demócrata es pura coincidencia.

El maquillaje sigue imponiéndose en la sociedad y las formas casi siempre terminan absorbiendo el contenido de las cosas. En este sentido, Obama ofrece ese punto de incorrección exótica dentro de lo políticamente correcto, que hace tiempo descubrieron las compañías discográficas con los grupos de melenudos cantando baladas. Hillari puede estar tranquila, su antiguo oponente no será asesinado, salvo por alguna estampida de fans enloquecidas de clase alta. Algunos de los que escriben en este blog, aseguran que las próximas elecciones en Estados Unidos, las terminará ganando el hombre blanco y viejo. Estoy de acuerdo. De todas formas lo importante es que el efecto Obama, como tantos y tantos políticos europeos, nos recuerda de quien es la estrategia de la gran mayoría de los partidos y sindicatos en Occidente a la hora de elegir candidato o realizar propuestas. De la señorita Pepis.

Nota: Conste que en este caso prefiero que gane Obama; por darme un capricho, por imaginarme el careto de algunos en el sur profundo y por lo desagradable de su contrincante.