Posiblemente este post no tenga nada que ver con la realidad, pero no puedo evitar escribirlo. Ayer a las 4 am llegamos a Barajas en el vuelo JKK2334 de Spanair procedente de Atenas. No creo que sea significativo. Con toda seguridad entre este vuelo y el siniestrado han aterrizado y/o despegado cientos de vuelos de la misma compañía. Lo que si me parece relevante es que el avión en el que llegamos, tomara tierra en Atenas procedente de Madrid más de 2 horas tarde, descargara a la carrera pasajeros y equipajes y volviera a llenar “su carga” en menos de media hora para despegar con tres horas de retraso y supongo, que la misma tripulación. Lo primero que pensé fue en el personal que la compañía acaba de poner de patitas en la calle. Sé que los retrasos son normales en estas fechas, pero no creo que las reducciones de plantilla ayuden a evitarlos. En fin, seguramente el despido de sus compañeros será una buena forma de subir la productividad y el cansancio de los  que queden. La parte con la que nos tocó contribuir a los pasajeros fue la de tener que soportar a bordo algunas de las tareas de preparación para el despegue. 

A estas alturas, a los ocupantes del vuelo que acaba de estrellarse en Barajas, les da igual si el accidente ha sido por un fallo mecánico o humano, e incluso puede que la locura de estos días no tenga nada que ver con lo que ha pasado. Yo solo cuento lo que me ocurrió ayer en un aeropuerto de Atenas con una compañía aérea, cuyo pasaje, ha sufrido hoy un accidente.